Mi empresa está realizando proyectos en República Dominicana, y lo que observo en las conversaciones con líderes empresariales me preocupa, y es la prisa de parecer moderno antes de estar listo.
Veo empresas que quieren implementar IA sin tener claridad de cuáles son sus procesos. Veo directivos que preguntan por herramientas antes de preguntar qué resultados necesitan. Veo organizaciones que buscan eficiencia tecnológica en culturas donde la comunicación entre equipos todavía es un problema resuelto a medias. CEO mucha data no saneada, y procesos confusos.
Y los datos confirman lo que siento en el terreno, ya que según el Índice Latinoamericano de IA 2025 de la CEPAL, República Dominicana ocupa el noveno lugar entre 19 naciones evaluadas. (Eso suena bien hasta que lees el análisis completo) EY concluyó recientemente que el obstáculo principal en nuestra región no es el acceso a la tecnología, sino la ausencia de visión ejecutiva, gobernanza y personal capacitado.
Ninguna empresa de la región ha logrado integrar IA avanzada en sus procesos estratégicos.
Y no lo veo como un fracaso tecnológico, más bien es un fracaso de preparación humana y organizacional.
El 75% de los dominicanos usa herramientas de IA activamente y el 94.3% conoce al menos una, según datos del PNUD. Sin embargo, las usamos como si fueran Google, aplicándola a tareas individuales, desconectadas y sin estrategia.
El dominicano adopta rápido, pero las organizaciones, no.
Y aquí está el corazón del asunto: una herramienta inteligente en una organización con procesos caóticos no produce eficiencia, produce caos a mayor velocidad.
Antes de firmar cualquier licencia de software, una empresa debería hacerse tres preguntas que casi nadie hace: ¿Tenemos claridad sobre cómo trabajamos hoy? ¿Nuestros equipos están alineados en objetivos y en cómo tomar decisiones? ¿Nuestra cultura permite que la gente experimente y falle sin que eso cueste el puesto?
Si la respuesta a cualquiera de esas tres es “no” o “más o menos”, la IA no va a resolver el problema. Lo va a amplificar.
Lo que la data nos dice es que el salto necesario primero es de organizaciones rígidas a organizaciones ágiles. De culturas de control a culturas de aprendizaje. Esa es la fundación, y sin ella cualquier inversión en IA es un edificio construido en arena.
República Dominicana tiene la ventana: momentum gubernamental, una población que adopta rápido y empresarios con ambición. Lo que falta es hacer el trabajo previo que nadie quiere hacer porque no tiene lanzamiento de prensa, y ese trabajo se llama agilidad organizacional. Se llama Humanocentria.
La IA llegó para quedarse. La pregunta es si nuestras organizaciones están listas para implementarla de manera exitosa.
