El PRM está en transición y como todo proceso de esa naturaleza, reinan el nerviosismo, la confusión y la inseguridad, lo que podría definirse como una etapa de incertidumbre por la que atraviesa el partido de gobierno. Está pesimista de cara al 2028, algo así como si se preparase para una derrota segura en la próxima cita electoral. El ánimo de los perremeístas no es el mejor, tres variables lo explican; su mejor activo, Luis Abinader no va en la boleta; el deterioro de la economía, es innegable y su figura mejor posicionada para la batalla de 2028, es más una apuesta a la derrota que a la victoria.
Ante ese panorama, los dirigentes preparan sus propias agendas. Ahora la mayoría está en silencio y ocupada en garantizar su cuota de poder en el proceso de renovación que debe concluir entre junio y septiembre de este año. Los Mejía garantizarían su cuota en la Secretaría General, no con Carolina, pero quedaría entre familia, según algunas versiones. De cara a ese proceso, el PRM integró una comisión que trabaja un consenso para evitar votación.
En el contexto que vive el PRM, lo más sintomático es que cada vez más funcionarios piensan en un cargo de elección popular para el 2028. Si ocurre lo que se escucha entre perremeístas de alto perfil, el 2027, cuando se definen las candidaturas, será un mensaje de derrota fuera y dentro del PRM. La mayoría de funcionarios ya está ubicando el espacio de diputaciones, senadurías o alcaldía para aspirar.
Ese proceso se ha acelerado en los últimos meses por la percepción de que David Collado aparece con la candidatura presidencial casi asegurada. El problema de la dirigencia con David, es que no se siente representada y teme que, en caso de retener el poder, el comportamiento histórico del ministro de Turismo, se repita.
Esa lectura colectiva de la dirigencia del PRM, ha puesto en peligro el proyecto de David, pues ha empezado a surgir un movimiento para generar unidad y evitar que el exalcalde gane la candidatura.
Esa idea plantea que el PRM no gana con David, lo que terminaría con la era de gloria de los perremeístas en las mieles del poder. Si la estrategia toma cuerpo, David no debería apresurarse a cantar victoria.
