El pasado 16 de agosto se cumplieron cinco años de gobierno del Partido Revolucionario Moderno y del presidente Luis Abinader. Ese partido logró ganar las elecciones del 2020 y del 2024, teniendo como consigna principal de combate que eran “el cambio”, generando una gran expectativa en torno a cómo impactarían sus ejecutorias gubernamentales, en favor de la mayoría de la población.
A cinco años de ese “cambio prometido” las expectativas realmente no han sido alcanzadas del todo y, por el contrario, a pesar de que han logrado importantes éxitos en algunos aspectos, al hacer una evaluación general de este lustro perremeísta se evidencia una gran falta de visión y de acción en la implementación de políticas públicas claras y definidas, una debilidad en la capacidad de realización de obras de infraestructura y una forma incorrecta de llevar a cabo acciones para aumentar el ingreso público y frenar el incremento de los gastos corrientes.
El presidente Luis Abinader ha tenido como norte principal mantener la estabilidad macroeconómica y realizar profundas transformaciones a la constitución de la República, para modernizar el Estado dominicano. En estos dos aspectos, el presidente y el gobierno del PRM han logrado un éxito relativo. A pesar de que llegaron al poder en medio de la pandemia del coronavirus, lograron manejar la economía con eficiencia en sus momentos iniciales y en estos cinco años han logrado mantener la estabilidad, el crecimiento económico (aunque se ha caído de manera significativa en este 2024), han aumentado los niveles de la inversión extranjera, la tasa de cambio y la inflación han mantenido un control relativo y han implementado importantes aumentos salariales.
En el plano institucional, el presidente Abinader y los legisladores del PRM, que son mayoría absoluta en el congreso, han implementado cambios profundos en la constitución, poniendo trabas muy fuertes y casi insalvables para que un presidente en ejercicio pueda aspirar a la reelección, han eliminado varios ministerios y han aprobado leyes, como la que crea el nuevo Código Penal y el Ministerio de Justicia, que repercutirán de manera bastante significativa en el presente y futuro político de la nación. Se podría catalogar también como un éxito, su acción de vincular a los expresidentes de la República en la definición e implementación de una política unificada frente a la difícil situación de Haití.
Sin embargo, el gobierno del presidente Abinader y el PRM ha tenido muchas sombras o debilidades en estos cinco años. Lo más grave y preocupante es que han llevado una política de endeudamiento que ha sobrepasado la suma de 30 mil millones de dólares, lo que ha provocado un grave problema en las finanzas públicas, pues los pagos de los intereses de esa deuda sobrepasan el 4% del PIB. En estos momentos, fruto de esa desmedida carrera de préstamos, el país paga más de 300 mil millones de pesos solo en intereses de la deuda.
El otro elemento sumamente negativo en los cinco años de gobierno del PRM, es que la inversión pública ha caído a sus niveles más bajos de los últimos cincuenta años. El gobierno del presidente Abinader no ha sido capaz destinar más de un 2% del presupuesto a la inversión pública, por lo que tanto el sector construcción como otras áreas de la economía han tenido un efecto negativo muy amplio en su desarrollo, fruto de esa incapacidad de implementar obras de infraestructura en toda la nación.
Otro elemento sumamente negativo del gobierno del PRM ha sido su incapacidad para enfrentar la situación del sector eléctrico. En estos cinco años la crisis energética se ha incrementado de manera inexplicable, pues en los gobiernos de Danilo Medina prácticamente se había logrado estabilizar ese sector. El subsidio al sector eléctrico se han incrementado, los apagones han regresado, las EDES siguen siendo una preocupación financiera y, a pesar de que Celso Marranzini han hecho un gran esfuerzo en los últimos meses, existe una seria preocupación con el funcionamiento de la planta de Punta Catalina, que ha sido un gran alivio para el gobierno.
Otra gran debilidad, ha sido el deterioro de forma increíble de muchos servicios públicos que en los gobiernos anteriores funcionaban con mucha eficacia. El 911 ha sido llevado a situaciones de inacción lamentable, la OMSA y el servicio público de transporte dan pena y vergüenza, el Metro presenta problemas permanentes, las ayudas sociales tienen serios cuestionamientos.
