Amo de lo que callas

Es verdad, la discreción no es precisamente una virtud muy común. Para muchos es sumamente difícil guardar silencio sobre alguna cosa sobre sí mismos o sobre alguien más.

Tampoco es sencillo conservar en secreto los planes propios y menos los de otras personas.

No importa cuántas veces hayas escuchado que somos dueños de todo lo que callamos y que terminamos siendo víctimas de los resultados de todo cuanto decimos, siempre será difícil conseguir la discreción de esos amigos y familiares a quienes hemos confiado algo que deseábamos mantener en secreto, hasta no ver los resultados finales.

Cada uno vive y actúa como desea y nadie puede tratar de imponer sus reglas y directrices a una persona para que haga y diga lo que esa otra persona desea.

Eso sí, nunca está de más escuchar un consejo y tratar de cambiar algunas actitudes que le hacen más mal que bien, aunque nunca es fácil desechar viejos hábitos y costumbres.

Un buen consejo es el que recomienda aprender a escuchar y contar hasta 10 y más, antes de hablar.

A veces se pierde tanto con sólo una palabra como también se gana al guardar silencio y dejar ciertas palabras para decirlas en el momento preciso.

Así es. Así pasa. Una sola palabra puede revelar toda una historia cuyos protagonistas, o al menos uno de ellos, habían tratado de ocultar o negar a toda costa. Aunque quedar en evidencia para algunos no es impedimento para seguir negándola hasta la muerte.

También es cierto que no es fácil guardar silencio ante situaciones incómodas o cuando uno se siente herido, lastimado o engañando, pero es importante aprender a dominar ese impulso incontrolable de hacer proclamas, de advertir o amenazar con hacer o dejar de hacer.

Es preciso deponer esa costumbre de anuncios de venganzas, de revelar posibles formas de desquite, que muchas veces son solo palabras provocadas por el enojo.

Al final, en muchos casos todo se queda en simples amenazas.

Siempre será mejor guardar en lo más profundo del alma aquellas cosas de las que otros solo podrían enterarse por nosotros. Debemos ser selectivos a la hora de confiar, sin olvidar jamás que cada individuo se convierte en amo y dueño absoluto de todo aquello que calla.

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