Aprender a ganar

Ganar, en lo que sea, siempre es bueno, aunque no siempre es fácil y mucho menos rápido, lleva tiempo, conlleva esfuerzo, desvelos y sacrificios.

Luchar por ganar en cualquier terreno es una tarea que requiere determinación y sobre todo, fe, fe en lo que se hace y fe en uno mismo.

Sin embargo, lo más importante son los métodos utilizados para obtener ese triunfo. De ello dependerá el nivel de satisfacción que generará lo alcanzado.

Aunque muchos han hecho culto a aquello de que “el fin justifica los medios”, nunca, esos medios deben faltar a la honestidad.

No se justifica la deslealtad ni el engaño para lograr lo que se desea, por más importante que sea ese objetivo para el futuro y la felicidad de quien lo desea.

El camino siempre será largo y difícil y plagado de razones para dejarlo todo, pero también para redoblar esfuerzos y seguir adelante.

Si los medios para lograr lo que sea, no son los mejores, si para lograrlo se ha tenido que renunciar a los principios y dejar de lado todo consejo valioso, si se han cambiado las buenas compañías por otras para quienes no existen límites, entonces, aunque uno logre el anhelado objetivo y celebre y disfrute en público, a solas, cuando la conciencia les recuerde las trampas y traiciones a las que recorrieron, la profunda tristeza y decepción que causaron, más que satisfacción se sentirán avergonzados de lo conseguido.

En el fondo sentirán que lo que ahora exhiben no les pertenece y sabrán que con sus acciones despojaron a quienes en verdad lo merecían.

Nada es mejor que ganar por las buenas. Lograr todo cuanto se desea sin lastimar a nadie, sin recurrir a métodos fraudulentos.

A las competencias y la vida misma se debe asumir con honestidad.

Llevar a buen término cualquier proyecto siempre será mejor cuando cada paso ha estado marcado por el esfuerzo, por el trabajo duro, por la capacidad y el sacrificio propio, sin utilizar a los demás de manera interesada.

Para aprender a ganar, es imprescindible aprender a competir primero, estar preparados para el triunfo tanto como para la derrota.

De nada vale alcanzarlo todo, si al final del día en vez de orgullo y satisfacción sentirás vergüenza de ti mismo.

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