Amuchas personas les ocurre y con bastante frecuencia, una situación inesperada, algo que no veían venir de de manera remota.
Como es de suponer, estas situaciones llegan para sacudirlo todo, para trastornarlo y cambiarlo todo.
En su mayoría estos eventos ocurren para mal, pero en otras ocasiones representan la mayor felicidad que se pueda imaginar.
En realidad, aún de manera secreta, las personas suelen esperar y desear con todas sus fuerzas, que a su vida lleguen cosas positivas, la liberación de un problema o la solución definitiva que ponga fin a una gran preocupación.
Lo que nunca se espera es las cosas puedan ir peor de lo que uno las percibe.
Es así como aunque existen amenazas o la posibilidad de que ocurra un hecho que ponga en peligro la vida, propia o de un ser querido, la seguridad, la estabilidad o la tranquilidad, uno siempre trata de pensar en positivo, creyendo que una mente positiva es una especie de barrera impenetrable para los problemas y las complicaciones y aun más, para las tragedias. Es innegable, ser positivas ayuda a enfrentar con valor y decisión todo lo adverso que se presenta, pero no impide que la adversidad llegue y se establezca por largo tiempo.
La percepción es que lo inesperado es lo primero que se presenta, pero quizás podría ser porque nadie está esperando una gran tristeza, una tragedia, la pérdida de un ser amado, una enfermedad catastrófica, es más, la mayoría se sitúa a kilómetros de distancia de cualquiera de estas situaciones y llega a pensar que no le tocará vivirlas en años.
Por el contrario, y aunque lleguen de forma inesperada, la bonanza económica, la felicidad, el amor, la oportunidad de una mejor condición de vida, la estabilidad y la solución definitiva a un problema que por años les afectó, de alguna manera, se ve de forma diferente, pues se trata de esas cosas que forman parte de las oraciones diarias que se elevan al Altísimo.
Es más, muchos lo ven como la respuesta de Dios a sus súplicas.
Bueno o no, esperado o inesperado, todo cuanto acontece a una persona debe ser encarado con valentía, con voluntad, y sobre todo, con humildad, aún se esté convencido de merecerlo o no y no es que lo inesperado es lo primero que llega, es que simplemente hay cosas que creemos nos toman por sorpresa, pero la verdad es que ocurren simplemente cuando tienen que ocurrir.
