Crisis de valores

Desde hace tiempo la humanidad vive una profunda crisis de valores.

En el mundo brillan por su ausencia las buenas costumbres, el respeto, la lealtad, el compromiso y la honestidad, para solo citar algunos de esos valores.

Esta ausencia es notoria en todos los espacios y en todos los entornos.

Las causas son diversas, pero la responsabilidad recae sobre la misma humanidad.

Somos los seres humanos los únicos responsables de esta pérdida total.

Cada uno es responsable de haber faltado al compromiso de transmitir a la generación que le sigue las enseñanzas de la generación que le antecedió.

Cada uno es culpable de haber tratado de descalificar los métodos utilizados por sus padres y abuelos, solo para parecer modernos y sofisticados.

Es cierto que alguna disciplina del pasado no tiene cabida en un método de crianza que persigue obtener los mejores resultados, que entiende el valor del bienestar físico y mental de la generación en formación, pero hay otras enseñanzas que son esenciales si lo que se busca es formar seres humanos valios y respetuosos.

Somos culpables de justificar como “cosas de esta generación “, la mala educación que hace tiempo exhiben nuestros hijos al negarse a saludar al llegar o salir de algún lugar, a no dar las gracias, a no ofrecer disculpas a no agradecer el esfuerzo de los padres para darles el sustento diario.

Somos culpables de crear una generación de engreídos, seguros de merecerlo todo, sin hacer el menor sacrificio.

Una generación que no respeta ni valora nada ni a nadie.

No entendemos cómo es posible que nuestros jóvenes sean tan irrespetuosos, poco aplicados, irresponsables, despreocupados.

Tratamos de encontrar una razón y un culpable en cualquier parte, cuando en realidad la razón no es otra que nuestra debilidad y el culpable es la falta de carácter y autoridad de que carecen muchos padres y tutores.

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