Cuidar de otros

A lo largo de nuestra vida, por períodos largos o cortos, tenemos la tarea de cuidar de alguien más.
Una tarea difícil, complicada, que no todos pueden cumplir.

Al cuidar de alguien más asumimos el compromiso de velar por su seguridad y bienestar, incluso si lo anteponemos a la seguridad y al bienestar propio.

Quizás o sin quizás es una misión que tenemos todos.

Para empezar por alguien, que mejor que hacerlo con los padres.

Los padres son el mejor ejemplo de lo que significa velar por la seguridad, el bienestar y la felicidad de otras personas.

Ellos, con su amor y dedicación nos ayudan a prepararnos para cuando nos toque asumir el rol de padres.

Pero también están los hermanos mayores, los maestros y toda persona cuyo trabajo conlleve cuidado y protección de otros seres humanos.

Aunque no siempre se puede cumplir con esta misión de la manera que deseamos y que otros esperan, en la mayoría de los casos, este compromiso se asume con la mejor intención.

En verdad no es sencillo, sobre todo cuando si se tiene que rendir cuentas de cómo o por qué hicimos o dejamos de hacer algo que terminó afectando a aquel o aquellos a quienes estabamos supuestos a proteger.

Sea como fuere y pese a todo, tener a otra u otras personas bajo nuestra responsabilidad no deja de ser uno de los más nobles compromisos.

Eso sí, siempre y cuando sea asumido con responsabilidad, con el verdadero sentido del compromiso, sin abusar de quien suponemos más débil, pero más que nada, sin olvidar que un día de manera inevitable nos tocará cambiar el rol de protectores y pasar a estar en el lugar en que antes estuvieron aquellos a quienes cuidamos.

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