De todas las maneras posibles de reparar los errores o superar una decepción, la mejor, sin dudar, es seguir adelante, levantarse más fuertes y más seguros.
Cuesta, es cierto, pero lo contrario sería una doble derrota y por ende un doble triunfo para los responsables de nuestra decepción. Las caídas son normales, pasan de forma constante, sin distinción de personas, lo que no es normal, ni aceptable, es quedarse en el suelo, abatidos. Lo imperdonable es no levantarse, perder la confianza, ser incapaces de sacudirse el golpe, dejar que las lágrimas corran sin control, indetenibles y no hacer nada para encontrar el camino y retomar la carrera.
En todo y ante todo, hay que saber sobreponerse, hay que aprender a superar los errores, es importante impedir a toda costa que las decepciones nos hundan y derroten.
A veces no se es tan fuerte, pero hay que intentarlo. Existen miles de historias que cuentan cómo las personas se dejan vencer por una decepción, por una acción que no veían venir, en especial, cuando quien la causa es alguien de quien esperaban solo lo mejor. No es justo condenar a otros y condenarse a sí mismos y pasarse la vida sufriendo y tratar de hacer que el otro admita y corrija su error. Es necesario entender y aceptar que como humanos, la gente se equivoca, incluso, a veces hay que entender que algunas actitudes terminan formando parte de la personalidad, de la forma de ser y ver la vida de nuestros semejantes y que contra eso, poco o nada se puede hacer. Es verdad que hay que aceptar a la gente como es, entenderla y aprender a vivir y dejar vivir a todos. Asumido esto, lo que queda es saber en qué lugar de nuestra vida debe ubicarse a cada persona, en cual rol. Quizás esta sea una buena manera de convivir en armonía con los demás.
A lo largo de la existencia, muchas personas entran y salen, llegan y se marchan de nuestra vida, eso sí, algunas llegan para quedarse y lo hacen. Aunque no se conozcan muchos casos, existen esas personas que llegan de una manera distinta a la forma en la que se marchan o en la que permanecen juntos a nosotros.
Es como esas personas que en un momento confirmaban una apasionada y profundamente enamorada pareja, bajo las condiciones que hayan decidido establecer y sostener esa relación, pero que tras un tiempo, se dan cuenta de que su vínculo ideal es el de amigos. Lo entienden y lo asumen sin problemas. Para otros esa transición es sencillamente imposible. Sin embargo, es una manera de sobreponerse al fracaso de lo que creyeron poder construir. En realidad así debería ocurrir en todo lo que en principio luzca como una derrota, con toda cosa que nos haya causado una decepción, lo mejor siempre será seguir adelante, no sin antes permitirnos desahogar y sacar del alma todo el dolor y la rabia.
