Una vez, hace ya un tiempo, escribí sobre aquellos hábitos que las personas asumen para conseguir una figura esbelta, una piel y un pelo saludable. Para lograrlo, cambian de manera categórica la forma de comer y hasta de dormir. Una membresía en el gimnasio es parte innegociable de sus gastos mensuales.
Son inagotables los recursos a disposición de las personas para rejuvenecer su imagen y mantener su cuerpo en la forma deseada.
El dinero se busca hasta debajo de las piedras para alcanzar el objetivo deseado.
Es una constante que se ha intensificado con los años. Cada vez es más importante lucir bien y parecer que se tiene la vida perfecta o al menos sin problemas.
Quienes son más conscientes de la importancia de gozar de una buena salud, saben que la belleza es algo que va desde adentro hacia afuera y por eso, cuidan su alimentación y recurren a hábitos saludables.
Adoptan un estilo de vida diferente en procura de alargar sus años y conservar parte de la vitalidad de la juventud.
Ni hablar de los procedimientos quirúrgicos con que cada día arriesgan la vida y la salud millones de personas en el mundo. Nada importan los múltiples testimonios de secuelas dolorosas, ni los reportes de muertes por mala práctica médica o por un mal seguimiento post operatorio.
Para verse bien, hacen de todo. No ignoran consejos, ni escatiman en gastos, lo prueban todo, pero olvidan lo esencial: Su yo interior. Su alma, aquello que dejan entrar en su corazón y que termina dañándolos y haciéndolos capaces de dañar a otros.
Pero del mismo modo en que se esmeran en cuidar y mantener su apariencia, mayor debería ser su esfuerzo en mantener salud espiritual.
Así como adquieren suplementos dietéticos y vitaminas, procuran alimentos saludables y se someten a incontables procedimientos estéticos, pasan largas horas en el gimnasio ejercitando sus cuerpos, también deberían procurar alimentos saludables para el alma con la ventaja de que estos no tienen ningún costo pero sí son de gran valor.
Para empezar el día, no hay nada mejor que un desayuno cargado de agradecimiento y optimismo para pasar un día completo de paz interior y ser más tolerantes con los semejantes.
El almuerzo debe estar acompañado de empatía, solidaridad, amor y comprensión de los demás, eso sin duda proporcionará la capacidad de perdonar los errores y fallas de los otros y de sí mismos.
Para la cena, justo antes de irse a la cama, dar gracias por el día que termina, pedir por el bienestar y la felicidad de los demás, ayudará a la felicidad y bienestar propio.
De lo que se trata es de alimentar el alma con los mejores sentimientos para liberarla del odio y de los pensamientos negativos y destructivos.
