Motivos para celebrar

Las fiestas de Navidad y Año Nuevo son una buena oportunidad para celebrar, para disfrutar y ser felices.

Las personas se acercan, tratan de perdonar y perdonarse por aquellas cosas que causaron dolor y malestar durante todo el año.

En general sienten un profundo deseo de dejar lo malo atrás, de olvidar los malos ratos, los rencores y los resentimientos.

Desean de corazón convertirse en personas nuevas, como si cada nuevo año les ofreciera la oportunidad de reparar los errores de toda una vida.

En cierto modo, ese ánimo, esa manera de ver las cosas y pretender vivir las últimas horas de un año que termina y las primeras del que se inicia, es una excelente manera de declarar la voluntad de ser mejores, de actuar y vivir mejor, mirar al futuro con la alegría y optimismo de quienes no esperan encontrar tropiezos, pero que también se proponen no ser un obstáculo para los demás.

Una de las mejores cosas de esta época es precisamente el deseo de renovación, la disposición de comenzar a vivir en armonía con todo y con todos los que nos rodean.

Ese deseo de ser buenos, de hacer las cosas bien para que la vida traiga su recompensa, nos regresa a la hermosa etapa de la niñez y la inocencia, cuando convencidos de que recibiríamos ese juguete anhelado siempre y cuando nos portáramos bien y fuéramos buenos con los demás.

Diciembre es un mes hermoso pues trae consigo la carga más alta de optimismo y felicidad que ningún otro mes del año. Es así a pesar de las muchas personas para las cuales las fiestas de Navidad los hunde en una depresión profunda.

Aun así, son muchos más los que son felices, son más los motivos para festejar y repartir felicidad que la nostalgia y melancolía.

El solo hecho de haber vivido un año más y estar a las puertas de otros 12 meses con todo lo que cada día implica vivir, es más que motivo suficiente para celebrar.

Y aunque cada día, todo el año, debería encontrarnos agradecidos y felices, es esta época la que parece recordarnos que sigue siendo la vida el tesoro más preciado, y que abrir los ojos cada mañana es la invitación más maravillosa a seguir adelante, a no rendirnos, a celebrar el milagro invaluable de la vida.

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