Perdón y olvido

Las personas suelen jurar que son capaces de perdonarlo todo, lo que sea, cualquier cosa. Quizás porque piensan que es la mejor manera de vivir en paz y seguir adelante.

Otras veces, creen que un alma libre de rencores es sinónimo de salud emocional y porque simplemente no vale la pena conceder el privilegio de ocupar un rincón de sus pensamientos a cosas realmente inútiles.

Para muchos, el perdón no es tal si no se acompaña del olvido.

Si no se olvida el daño, tampoco puede perdonarse, pues los buenos sentimientos solo nacen de un alma limpia, donde no se albergan el odio y el resentimiento.

Sin embargo, son muchos los que piensan que la única forma de impedir repetir errores, evitar los mismos engaños y las mismas traiciones, es no olvidar, es tener presente cada una de las heridas, cada golpe, engaño y traición.

Por otro lado, están quienes aseguran que se puede perdonar si olvidar, que pueden volver a confiar, que pueden dar y darse otra oportunidad, pero siendo más precavidos, más cautelosos, menos confiados.
Quizás todos, desde su punto de vista, tengan razón.

A lo mejor todos tienen pruebas de la certeza de sus convicciones y tal vez sea esa la razón por la cual todos creen estar en lo cierto.

Así pasa en todo. Todos creen estar en lo correcto, y si al final se dan cuenta de su error, no lo aceptan y buscan miles de justificaciones.

En todo caso, si se trata de perdonar de verdad, de cerrar esos capítulos nefastos de la vida que algunos se ven obligados a vivir, entones lo mejor es olvidarlo todo, dejar atrás momentos, hechos, personas y lugares que formaron parte de esas historias de triste recordación.

Quizás no exista el perdón si el dolor aún persiste, si el olvido no ha borrado por completo las huellas del dolor.

Pero el dolor jamás se irá por sí solo, es necesario hacer todo lo posible para eliminar todo aquello que haya contribuido a despertar rencor y resentimiento.

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