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La nuestra, es una sociedad que a toda costa trata de estar a la vanguardia.
La gente, en su afán por estar a la moda, sacrifica prioridades de ellos y de sus hijos.
Para muchos, no está claro qué es más importante, si comprar el último celular o ahorrar para una vivienda o la educación superior de sus hijos.

Es más común de lo que se piensa, que alguien que se desplace en un vehículo del año, de esos de alto costo y consumo de combustible, vestido a la moda y con el último teléfono móvil, esté ahogado en deudas para mantener ese estatus.

Es importante aclarar que esta no es una realidad propia de la sociedad dominicana. Es, al parecer, una conducta mundial, aquella en que las personas tratan de tenerlo todo con el menor esfuerzo posible y replicando las malas acciones que dejan excelentes “beneficios” a otros.

De esa misma manera, quienes han hecho del crimen y la delincuencia el modo de ganarse la vida, están pendientes de las “innovaciones” en el campo criminal y no tardan, ni dudan en adaptarlas y ponerlas en práctica, más cuando la autoridad es constantemente desafiada por los delincuentes.

Es así como las calles, las personas y la vida han cambiado del cielo a la tierra en los últimos años.
Es cierto que el crimen, el robo, los asesinatos y homicidios han existido desde el principio de los tiempos y que los sentimientos y pensamientos de las personas siguen siendo los mismos de siempre, la manera de expresión y ejecución ha cambiado.

Las prácticas criminales han evolucionado y van uno y hasta más de tres pasos adelante de las innovaciones de las autoridades para contrarrestarlas.

Un gran peligro es que los hechos de criminalidad por horrendos que sean, cada vez sorprenden menos a la población, que va mirándolos como algo común.

Cuando las autoridades se encuentran frente a un hecho delictivo con indicios de haber sido planeado de manera sofisticada, cuidando cada detalle, en procura de no dejar ningún cabo suelto, justo cuando se encuentran muy cerca de resolverlo, ocurre otro, ejecutado con niveles escalofriantes de organización.
Al parecer, estamos a la vanguardia en materia de delincuencia y crimen organizado. La delincuentes común no se queda atrás.

No faltan asaltantes, estafadores, timadores, asesinos a sueldo o sicarios, traficantes de drogas, falsificadores, y funcionarios civiles y militares que en vez de combatirlos se convierten en sus aliados, potencializando su poder y extendiendo su alcance.

¿Qué más tendrá que pasar para tomar conciencia?

Hacia dónde deben llevarnos nuestros errores y nuestra inacción, para que de una vez por todas decidamos hacer algo que sea el inicio real para retomar el camino correcto. l

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