Sin llegar a perder

La frase célebre que reza: “Nadie sabe lo que tiene, hasta que lo pierde”, es tan antigüa como cierta.

Aplica a todos en distintos momentos de nuestras vidas.

En más de una ocasión, a lo largo de nuestra existencia, nos ha pasado, que por inconformidad, por descuido o por aspirar a algo que consideramos mejor que lo nuestro, terminamos por perder lo que tenemos.

Ese es exactamente el momento justo en que nos damos cuenta de lo valioso, necesario e importante que era en nuestra vida.

En la mayoría de los casos, lo notamos cuando ya es demasiado tarde.

Después de comprender y empezar a apreciar el valor de nuestra pérdida, lo que sigue es sufrir y lamentar.

Es imposible no sentirse frustrado y con un desagradable sabor a fracaso, además de tener que admitir nuestra equivocación. El dolor es más intenso, cuando a pesar de admitir que no fuimos lo suficientemente inteligentes para justipreciar lo que teníamos, jamás será suficiente nuestro arrepentimiento, ni nuestro mayor esfuerzo para corregir el error.

A veces, lo que comenzamos a valorar, después de haberlo perdido, es importante, pero otras, es realmente fundamental, esencial para nuestra felicidad, para sentir que lo tenemos todo. En ambos casos duele.

En ambos casos quisiéramos regresar el tiempo justo al momento antes de nuestro mayor error.

Deseamos tener, aunque sea por un instante, aquello que perdimos, solo para ser justos por una vez.

Suplicamos por ese solo instante para expresar lo inmensamente afortunados que fuimos por contar con aquello que perdimos por insensatos.

Unas veces, nuestra pérdida valiosa se refiere a una persona, un lugar, una actividad, un trabajo, otras, solo tiene que ver con nuestra apariencia. Muchos no están conformes con el largo o color de sus cabellos, pero cuando lo pierden como consecuencia de algún problema de salud, desearían con toda su alma volver a tener sus cabellos exactamente como lo tenían antes, cuando no les gustaba. Ese es solo un ejemplo.

La mala costumbre de descuidar lo nuestro, lo que tenemos, las personas que nos aman, las posesiones que con esfuerzo hemos conseguido, al igual que esa tendencia errónea de querer lucir como otras personas y no como nosotros mismos, renunciando a lo que somos para pretender ser quienes no somos, es lo que nos condena a entender el valor de las personas y las cosas cuando ya es demasiado tarde.

Hagamos un esfuerzo por amar, valorar y tratar de conservar lo que tenemos, lo que somos y a aquellos que nos aman y que están a nuestro lado contra viento y marea, hagámoslo ahora, sin esperar a perderlos.

Posted in Mi Tiempo

Más de opiniones

Más leídas de opiniones

Las Más leídas