Con frecuencia las personas hablan de aquello que consideran es, fue o sería su mejor momento.
En la mayoría de los casos, sienten que es una época pasada, que quedó atrás hace años y de lo que hoy queda ya muy poco. Los más optimistas o afortunados sienten que su mejor momento es hoy. Es ahora.
Es todo lo que son y aquello que les rodea.
Quienes aseguran vivir su momento mejor, sienten que todo a su alrededor es favorable, que las cosas no podrían ir mejor y que la vida les está brindado las oportunidades de construir el futuro que desean, gozan de salud y bienestar social y económico, cuentan con el apoyo y el amor de sus seres queridos. Por eso, no cambiarían el presente por nada en la vida, ni siquiera por su más hermoso recuerdo del pasado.
Del mismo modo, existen personas para quienes lo mejor ya pasó y nunca más regresará.
En la mayoría de los casos se lamentan por haber dejado pasar lo mejor de sus vidas, por no haber aprovechado el tiempo, por haber dejado pasar esas oportunidades irrepetibles, que solo llegan una vez en la vida y que cambian la existencia de quienes las aprovechan.
Con esta actitud, están viviendo en la derrota.
Piensan que no tiene caso luchar y que ya no hay metas que alcanzar, se cierran al futuro y temen dar un paso adelante, seguros de que el porvenir nada bueno les traerá.
Creo, sinceramente que el mejor momento es la vida en sí misma. No una etapa, no un día. Poder abrir los ojos a un nuevo día todos los días, es una bendición y un regalo maravilloso que aquellos que lo tienen deben agradecer y saber aprovechar.
Sí, es cierto, la vida no es fácil, está llena de dificultades y de personas que la hacen aún más difícil. Es complicada, pero a veces las mismas personas suelen ser quienes la complican.
Pero también es mucho lo que nos regala la vida. Sí, también es mucho lo que nos quita y casi siempre nos importa más aquello que nos arrebata.
Depende de las prioridades de cada persona. De lo que realmente le importe, de sus valores, de la dimensión de sus sentimientos, pero más que nada de la fortaleza de su fe, en especial de la fe en sí mismo. Una persona que entiende y aprecia el valor de la vida, siempre se sentirá agradecido del hoy y el ahora y tendrá plena confianza en que lo mejor está por venir. Sabrá que el mejor momento es cualquiera donde se impongan la fe, la confianza y el optimismo, sostenidos en la disposición de seguir adelante sin perder el rumbo y sin renunciar ante la primera adversidad.
