Mirada retrospectiva sobre Pedro Henríquez Ureña

Por cuanto cada persona suele interaccionar tanto en el universo cogitativo como en el mundo físico, resulta entonces que la labor de conocer al ser humano constituye una tarea dotada de mucha complejidad e incluso propende a convertirse en un imposible categórico, pero puede lograrse inteligibilidad aproximada, respecto a cualquier ente racional mediante indagatoria exhaustiva sobre el pensamiento suyo y obra material, a ver si existe compatibilidad entre discurso y acción, en tanto que además hay otras fuentes informativas que otrosí permiten reconstruir la vida de la mujer u hombre objeto de aprehensión cognitiva.

En torno a la tarea planteada, este autor diletante pretende aproximarse en perspectiva bastante escueta, abrevando entonces en el valioso libro, intitulado “Pedro Henríquez Ureña: Apuntes para una biografía”, donde su hija benjamina, Sonia Henríquez Lombardo, procura reconstruir la vida de la figura eximia del gran humanista nuestro y de América, a través de fuentes informativas diversas, entre ellas las archiconocidas memorias del personaje perfilado, epístolas íntimas cursadas entre amigos y parientes, así como múltiples comentarios escritos en fechas contemporáneas y posteriores, cuya mención vendría a ser muy prolija.

Como dato bastante conocido, sobra decir que en la familia formada entre Francisco Hilario Henríquez Carvajal y Salomé Ureña Díaz nacieron cuatro criaturas, a saber: Francisco Noel, Pedro Nicolás, Maximiliano Adolfo y Camila Salomé, cuya escolarización recibida en dicho hogar les permitió a tales hijos, una vez inscriptos en la educación formal, sobresalir en el mundo de las letras, bellas artes, creación literaria, acervo filosófico y enseñanza superior.

En específico, Pedro Henríquez Ureña (PHU) nació en fecha 29 de junio de 1884, de cuyo punto de partida esta hija suya, tras percibírsele vida movediza e impregnada de murria espiritual, quiso hurgar para entonces descubrir la quintaesencia de la vida de su padre que en edad juvenil cultivó la creación poética, pues él solía decir que toda persona durante la adolescencia y hasta 24 años ha de escribir versos, pero de ahí en adelante sería cuestión propia de los poetas.

A la muerte de Salomé Ureña, acaecida en fecha 6 de marzo de 1897, PHU contaría con 13 años, mientras que semejante hecho necrológico le causó estupor inenarrable, ya que entre él y ella siempre hubo una estrecha relación parental y de ahí en adelante la melancolía fue un estado sempiterno, puesto que el afecto filial se había convertido en amor devoto, por haber sido guía espiritual e institutriz consultada a cada instante.

Como educadora consagrada, Salomé Ureña descubrió en su vástago dotes muy especiales, tales como memoria prodigiosa, interés por todas las cosas, dedicación hacia el estudio, rigor minucioso y orden metódico, capacidad de síntesis y valores morales, aunque tuvo una infancia retraída, ya que la formación inicial recibida fue preceptoril u hogareña, cuyos profesores tuvieron que ser sus padres, pero luego, cuando tenía 11 años, acudió al Liceo Dominicana bajo la dirección de Emilio Prud’homme, donde culminó en 1901 el bachillerato.

De su padre, PHU siempre reconoció tener un mentor, a quien le escuchó para entre 1909 y 1910 ponerse a estudiar derecho en la Escuela de Jurisprudencia del país azteca, centro superior que luego pasó a formar parte de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), donde presentó tesis de grado en 1914, cuyo objetivo fue ejercer la abogacía como profesión liberal, por cuanto deseaba lograr la autonomía económica para consagrarse a escribir grandes obras con la debida tranquilidad espiritual.

Pese a semejante desiderata, a PHU nunca le fue posible dedicarse a la abogacía, así que jamás logró librarse la inspiración de escribir a pedazos, debido a que se vio obligado a llevar vida errante por diversos países de la América hispánica y anglosajona, donde tuvo que ejercer el pluriempleo intelectual con miras a solventar los gastos de la familia que formó con Isabel Lombardo Toledano, pero con ingentes esfuerzos pudo doctorarse en filología en la Universidad de Minnesota.

En fin, PHU durante el peregrinaje existencial trabajó periodismo, corresponsalía, cátedras educativas, prólogos, edición de obras, traducciones, conferencias, críticas literarias, compilación antológica, epístolas, colaboraciones ensayísticas y publicación bibliográfica suya, entre otras actividades extenuantes que siempre le mantuvieron demasiado ocupado, exhausto, cansado y fatigado, hasta causarle muerte súbita, hecho cronológico sucedido el once de mayo de 1946, al arribo de casi 62 años.

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