Hace unos días, en una charla automotivacional que impartí, se me acercó un señor y me contaba de su inconformidad con los resultados logrados en su vida. Por una dinámica que hicimos sintió que muchas de las cosas que quería lograr no las había ni perseguido. Excusas me dio muchas.
Las personas somos mucho de entrar en un modo de inercia que nos deja donde estamos o nos lleva por el mismo camino. Esto no es malo, siempre que estemos felices (no conformes) con los resultados.
Newton nos entregó la ley que dice que un objeto en reposo se quedará en reposo si no interviene alguna energía que lo mueva. Al igual, uno en movimiento no se detiene o modifica su rumbo si no intercede una energía.
Si esperamos una energía externa que nos saque del estado de reposo estamos siendo víctimas, no tendremos el control ni el poder.
En ocasiones no es que no estemos en movimiento, lo que sucede es que dejamos que la energía que se aplique al movimiento sea externa. Como la influencia de la sociedad sobre nuestras acciones. Sí, nuestras acciones.
Es complejo el tema, reconocer que las acciones para lograr resultados son nuestras es sentirnos culpables si dichos resultados no son lo que deseamos. Es más satisfactorio encontrar a alguien responsable de lo no logrado. Lo malo es que entregar la culpa, entrega el poder, no solo de lo que ya pasó, sino de lo que está por pasar. O lo que nunca pasará.
No tener tiempo para mí o para lo que deseo porque la sociedad me lleva a estar ocupado en múltiples actividades es un simple ejemplo de lo que vengo planteando. Los grupos de conversación, las redes y tanto más no me deja tiempo para accionar. Y hasta me programan para hacer lo que la sociedad considera mejor.
¿Puedes tomar hoy la culpa de algo y accionar para lograr lo que has deseado alcanzar?
