La publicación de Donald Trump que incorpora en un mapa a Centroamérica y el Caribe dentro de la esfera estratégica estadounidense, debemos verla más allá de sólo símbolos imperiales y evaluar qué intereses económicos, militares y migratorios expresa esa visión. La cercanía geográfica no puede traducirse únicamente en cooperación cuando Washington necesita seguridad regional, control de rutas o respaldo diplomático. Una relación equilibrada exige beneficios verificables como acceso comercial, inversión, transferencia tecnológica y apoyo ante riesgos climáticos. También requiere preservar nuestra capacidad de decidir sin presiones en asuntos incompatibles con nuestra soberanía.
