¡Favorecidos!

Una cosa es segura, Dios ha decretado que somos más que vencedores, hijos que pueden abrirse paso en cualquier cuestión divina y humana. Porque Él mismo está en esencia en nosotros y nos ha otorgado fe poderosa, ¡para recorrer victoriosamente todo nuestro existir! Esto debe afirmarte el hecho que cuando oras y dices: ¡Señor soy tuyo, te amo, soy uno contigo en el Cuerpo de Cristo, soy favorecido con tu gracia y misericordia, tu oración actúa como un comando de voz que abre las ventanas de los cielos y las puertas del corazón del Padre! San Juan lo dijo así: Si le pides al Señor y el Señor te oye, ya tienes respuesta a las peticiones que le has hecho. ¡Qué bien!

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