¡Haz la diferencia!

La fe que Jesús nos enseñó puede ser ofensiva para algunos, porque luce un tanto extrema como extraña para la rigidez de ciertas mentalidades. Sus propuestas fueron altamente contradictorias y chocantes, al punto que hubo pesimistas que prefirieron su postura cómoda y tradicional, al desafío de flexibilizarse y correr con la aventura del invocado cambio, desenlace que sucedería estrictamente por medio de un acto íntegro de fe. Seguir a Jesús es saber que cuando se acaba el camino terrestre, el agua deberá hacerse a un lado o interrumpiremos sus corrientes, caminando o a nado. Para hacer lo imposible no hay que caer en el ridículo, sino hacer la diferencia, seguir su palabra en un acto de obediencia, apretar la confianza e imponer la paciencia, para ahogar toda forma de impotencia.

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