Tenemos clarísimo que en esta vida somos reemplazables en lo que hacemos pero no en lo que somos, pues con dinero, talento o recursos, si dejamos de estar, mañana habrá quien lo haga mejor y por menos.
No obstante, pasamos tiempo valioso tratando de tener, lograr, aparentar, enajar, ser reconocidos, dejando de lado, vivir el momento, disfrutar el proceso, aprovechar la oportunidad, llenar expectativas ajenas, conocernos, creer en nosotros, aceptarnos y amarnos como somos… Y tal cual nos tratamos, así exigimos, además cargamos culpa y falta de perdón sin lograr liberar el yo de tanto. La radiografía de esta realidad es penosa, porque obviamos lo que realmente importa, SER alguien que entendió su lugar y su momento en esta vida, porque ahí comienza todo, lo demás fue existir. Piénsalo, si al irte dejas gente amándote igual, entonces ¡eres irreemplazable!
