¡Más que especial!

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Puedo comprender cuán difícil es aceptar la amorosa gracia de Dios; humanamente hacemos tanto esfuerzo sin siquiera rozar el tope anhelado. Ver el premio soñado en manos ajenas pudiera ser el detonante para aceptar el tentador mensaje del enemigo: “Para qué tanto esfuerzo?”, “si no ves la oportunidad fábricarla y si la tienes, aprovéchala”, pero te diré que la gracia es ese regalo inmerecido, mayor a tus expectativas con el que Dios te sorprende por todo lo alto, porque el amor se goza con tu bienestar, provoca tu paz y tu felicidad, es lo que hace de tu esencia el mejor perfume para quienes te rodean. Su amorosa gracia te califica, más que especial te hace exquisito, más que noble, te hace bondadoso y más que fuerte te hace vencedor.

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