Cuando oramos desde la carencia y no desde la fe le restamos posibilidad a nuestra plegaria. Cuando suplicamos desde la desesperación y no desde la gracia, le quitamos mérito a la bondad de Dios, cuando pedimos desde la conciencia de que Dios es misericordioso, amoroso y fiel, activamos su palabra y su poder.
Todos podemos pedir, pero no se trata de mendigar, ni de rezar o hacer clamores rutinarios ni de exigir cosas a la divinidad desde nuestra propia justicia, la desesperación no mueve a Dios, es tu fe. La fe de Abraham le fue contada por justicia, y Su justicia es misericordia pura, porque su misericordia vence sobre el juicio!
Dios no juzga tu oración pero “esta” siempre moverá a Dios a tomar acción: bendecir, sanar, sorprender o mostrarte el significado y peso de tus palabras.
