En un programa de radio escuché a una joven relatar que cuando sale a comer con alguien y no sabe quién pagará, elige midiéndose. Si al final la otra persona paga la cuenta, termina sintiendo rabia.
Podemos pasarnos horas discutiendo al respecto. Cada uno tomará el concepto por su punto de vista.
–¿Qué piensas tú si otra persona te hace una gran cuenta por saber que pagarás, Diego Sosa?
A quien diga que le encanta que se lo hagan pienso que espera algo a cambio, por lo menos, la revancha.
El problema de lo que hacemos es que no todos piensan igual. Obtendremos diferentes reacciones. No siempre serán según lo que deseamos. Si alguien saca provecho de una invitación, sería la última vez que lo haga conmigo. El que quiera liquidarse sabe lo que tiene que hacer… te aseguro que ya pasó.
Lo lindo de todo esto es que luego nos quejamos de lo que los demás nos hacen: “Diego no me ha vuelto a decir para salir”. ¿Diego es malo? Para ese amigo sí. Para el que no le gusta que le hagan cuentas por saber que el otro pagará quizá se sienta identificado.
Esto es un ejemplo que sugiero extrapolar a muchas actuaciones que tenemos en la vida. ¿Cómo nos comportamos? Así somos. Insisto, no es que sea malo o bueno, sino que tenemos que esperar una reacción.
Hoy es peor. Como muchos han decidido hacer su vida pública, van dejando sus huellas impermeables por las redes. Esta chica que dijo esto en radio nacional tendrá hoy muchos amigos que no se arriesgarán a invitarla. Otros evitarán decirles que pagarán la cuenta. Algunos estarán felices de saberlo porque lo que esperan a cambio será mayor. Ya muchos conocemos cómo piensa.
Insisto, no es que su pensamiento es malo, es que es. Será compatible para algunos y para otros no.
¿Puedes observar si algo que haces provoca que otros reaccionen contigo de una forma que no es la que deseas?
