No hay nada que celebrar que el país alcance un presupuesto de dos billones de pesos. Un Estado con mayores recursos tiene más posibilidades de financiar servicios, infraestructura y políticas públicas. Pero un presupuesto no se evalúa solamente por su tamaño. También importa saber cuánto se recauda, cuánto se gasta, cuánto se debe y qué resultados produce cada peso. La dimensión del presupuesto no garantiza por sí misma equilibrio fiscal ni bienestar social. La discusión seria comienza explicando ¿de dónde provienen los ingresos?, ¿cuáles son las prioridades?, ¿qué nivel de endeudamiento existe y qué compromisos quedan para el futuro?
