Estamos hartos. Aunque se pregona avances en la seguridad social, en la economía y la minería, la realidad es que seguimos transitando un camino que no conduce a ningún lado. El estancamiento se refleja en la degradación de la comunicación; hoy, cualquiera se convierte en comunicador sin base ni experiencia. La formación ha sido sustituida por la improvisación y el lenguaje soez, mientras el debate estructural sucumbe ante la ligereza. Los medios deben exigir personal especializado que analice datos y contexto histórico, en lugar de limitarse a repetir notas de prensa. Solo con profesionales capaces de explicar la complejidad nacional lograremos que la ciudadanía entienda su realidad.
