Cuando hablamos de poder político, solemos pensar en el presidente, el Congreso y los partidos. Sin embargo, el dinero también concede poder. Una empresa que genera empleos no solo impulsa la economía; además influye en trabajadores, familias y comunidades enteras. Esto no significa demonizar a los empresarios ni desconocer su aporte al desarrollo. Significa reconocer que quien dispone de recursos puede orientar decisiones, opiniones y alianzas. Para comprender cómo funciona realmente nuestra democracia, no basta con observar quién ocupa un cargo público. También debemos identificar quién financia proyectos, controla oportunidades o condiciona empleos.
