A un mes del terremoto, las cifras muestran la dimensión de una tragedia que no puede ser ignorada, más de 5,300 fallecidos, cerca de 29,500 desaparecidos, más de 23,000 heridos, miles de personas sin vivienda y decenas de miles de afectados que dependen de ayuda temporal. Esto se suma a una crisis política, económica y social que ya ha debilitado la capacidad de respuesta del país. Más allá de las posiciones sobre el rumbo político, una realidad es evidente, cuando una nación enfrenta una emergencia de esa magnitud, quienes tienen influencia y responsabilidad internacional deben contribuir a la reconstrucción. La tragedia humana debe estar por encima de cualquier disputa política.
