Les preguntaría a los comensales si tuviera yo un restaurante. No por meterme en sus vidas, sino para saber el rumbo que tomaría mi negocio. Para mí hay una diferencia entre ir a un restaurante y pedir comida a la casa. La salida tiene un componente importante… el compartir, cubrir mis necesidades sociales. No niego que por trabajar en la calle tengo que alimentarme y me toca ir restaurantes solo a cubrir mis necesidades básicas de nutrición.
Pero, salir con otras personas a un lugar de comidas tiene como objetivo el compartir. ¿Por qué me pasaría pegado de mi inteligente compañero si tengo compañeros de mesa? Me parece un desperdicio. Quedó en la pandemia demostrado que las redes sociales no llenan como el contacto presencial.
Si no quiero aprovechar la conversación, mejor pido comida a la casa y sigo mirando mi teléfono. Sin la molestia de tener que responder a preguntas de los demás en la mesa… según los que así viven.
¿Pasó a ser más importante lo que otros colocan en sus redes que el contacto humano? ¿O lo que alguna marca le paga a mi influencer favorito para que me programe y salga a comprarlo?
Compartir una mesa de un restaurante va más allá de estar sentados juntos. Veo hasta parejas que hacen un esfuerzo para tener el dinero de ir a un restaurante bien rankeado, y ni se ven las caras por tenerlas metidas en sus inteligentes amigos.
¿Dónde quedarán las buenas conversaciones? Aquellas que nacen y se desarrollan desde su nacimiento, sin cambiar de rumbo por algo que alguien encontró en alguna red. Ya sé, soy un señor de 60 años y no he querido modificar mis arcaicos métodos de compartir.
¿O quizá ya no tenemos capacidad de concentrarnos para llevar esas conversaciones de tal manera que sean interesantes? ¿Me debo sorprender cuando un auditorio con 200 personas se concentra en mi discurso por dos horas?
Si te molesta esta situación: ¿Sabes lo que puedes hacer para llenar tus necesidades sociales?
