Giovanny Ceballos la comecializa desde hace cuatro años y así contribuye con la sana producción de los alimentos

Giovanny Ceballos inició su negocio de venta de ceniza de arroz para viveros hace cuatro años y en ese tiempo ha despertado mucho interés entre los adquirientes de su producto.

Bastante, mucho más de lo que imaginó en principio, cuando este microempresario no tenía la mínima idea de la demanda que tendría en el mercado.

Esta materia que comercializa Giovanny se obtiene del proceso de la limpieza del arroz y es un desecho de las factorías, utilizado como complemento de abono para todo tipo de plantaciones, sean estas de tomate, pimiento, hierbas aromáticas u otros, porque sube el PH del suelo y mezclado con otros nutrientes mejora la producción agrícola.

Es algo así como un potencializador que conduce las cosechas al camino efectivo de los resultados, a través de los rendimientos. Giovanny no solo hace negocios para obtener el sustento de su familia, sino también contribuye al control de la contaminación del aire, al reciclar un material que si no fuera reutilizado afectaría al medio ambiente.

Como estrategia inicial, contactó a los dueños de viveros de su comunidad y zonas aledañas y les ofreció el producto. Éstos hicieron sus pedidos, y se mantienen hasta la fecha como clientes y recomiendan los servicios de Giovanny, que ha logrado fidelizarles debido al buen servicio que ofrece y por orientarles sobre el mejor uso y aprovechamiento del producto.

Tiene una clientela en ampliación: Vende a agricultores de distintos puntos del país, entre ellos Santo Domingo, Rancho Arriba, Ocoa, Constanza y Hato Mayor. Compró un camión y subcontrata otros para suplir la demanda. Ha contratado alrededor de 10 empleados.

“El microcrédito me permitió estabilizar mi negocio y asociarme a un agrónomo para crear una compañía donde preparamos nuestro propio abono, elaborado artesanalmente, y especial para todo tipo de plantas”, le cuenta al periódico elCaribe.

El microcrédito al que hace referencia lo obtuvo de la Fundación Dominicana de Desarrollo (FDD), una institución con una historia bien construida en el país y un amplio recorrido en el otorgamiento de préstamos y en la capacitación y acompañamiento financiero.

Un gran soporte

Para países pobres lo que hace la FDD es una herramienta muy importante, que representa una esperanza para salir de la pobreza.

“Estamos recolectando materia prima, que de no reusarse haría daño al medio ambiente, como la ceniza de la cáscara del arroz, gallinácea, aserrín, etcétera. Este abono es eficaz para devolverle al suelo los elementos que pierde cuando la tierra es trabajada en las labores agrícolas”, expresa el emprendedor de la ceniza de arroz.

El abono es empacado en presentaciones de 5 y 10 libras, en fundas plásticas que son selladas con una máquina selladora caliente.

Los sacos pueden pesar hasta 100 libras. Este fertilizante es demandado por los productores de tomate, ají morrón, pepino y otros. Vende entre 15 mil y 20 mil sacos mensuales.

Según investigaciones llevadas a cabo en Japón, al colocar este abono de cenizas a los arrozales se aumenta la concentración de ácido silícico en el suelo, lo que permite obtener una rica cosecha de arroz sin químicos. Se producen unos dos millones de toneladas de cáscara de arroz al año en Japón, y 100 millones de toneladas en todo el mundo.

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