RD ante el cierre comercial fronterizo de Haití

Un huevo no puede esperar una negociación diplomática. Un pollo tampoco. Los vegetales no conocen de comunicados oficiales ni reuniones bilaterales.

Frontera RD-Haití
Frontera RD-Haití

Por Héctor Rodríguez Pimentel

Cada vez que Haití restringe la entrada terrestre de productos dominicanos ocurre prácticamente lo mismo: camiones detenidos, mercancías perecederas amenazadas, productores desesperados y comerciantes fronterizos sin saber qué hacer con una producción que, de repente, perdió su mercado.

Volvemos entonces a preguntarnos qué hacer con Haití.

Creo que la pregunta correcta es otra: ¿qué debe hacer la República Dominicana para que una decisión tomada en Haití no pueda poner en peligro a nuestros productores?

La reciente aplicación de restricciones haitianas a la entrada terrestre de determinados productos dominicanos exige actuar en dos tiempos: qué hacer mañana en la mañana y qué hacer durante los próximos cinco años.

Lo inmediato es proteger al productor.

Un huevo no puede esperar una negociación diplomática. Un pollo tampoco. Los vegetales no conocen de comunicados oficiales ni reuniones bilaterales.

El Gobierno debería activar un mecanismo de estabilización para adquirir, a través del INESPRE, Agricultura y otras instituciones, los productos perecederos que hayan quedado sin salida. Esa producción puede colocarse en el mercado nacional o canalizarse hacia los Comedores Económicos y otros programas sociales.

El productor dominicano no puede pagar la factura de cada crisis entre República Dominicana y Haití.

Simultáneamente, debemos buscar alternativas comerciales. Si Haití establece que determinados productos no pueden entrar por tierra, pero permite su importación por vía marítima, desarrollemos una ruta rápida hacia Cabo Haitiano y Puerto Príncipe, aprovechando especialmente el puerto de Manzanillo y evaluando otras instalaciones dominicanas.

La respuesta debe ser pragmática: si no podemos cruzar el puente, crucemos el mar.

Y hagámoslo con rigurosas certificaciones sanitarias y fitosanitarias que eliminen cualquier argumento técnico contra nuestros productos.

República Dominicana también debe utilizar los mecanismos internacionales disponibles. Ambos países pertenecen a la Organización Mundial del Comercio. Debemos examinar jurídicamente las medidas adoptadas y, cuando corresponda, activar los procedimientos de consulta y solución de diferencias.

No se trata de pelear con Haití. Se trata de sustituir la improvisación por reglas.

Pero comprar mercancías varadas y habilitar rutas marítimas resuelve solamente la emergencia. El problema de fondo es nuestra excesiva dependencia del mercado haitiano para determinados productos.

Haití debe continuar siendo un importante socio comercial de la República Dominicana. Somos vecinos y existen razones geográficas y económicas suficientes para fomentar ese intercambio.

Pero una cosa es tener un mercado importante y otra depender de él.

Ningún productor debería quedar al borde de la quiebra porque un solo mercado decidió cerrar una puerta.

Ahí comienza la estrategia de los próximos cinco años.

ProDominicana, Agricultura, Industria y Comercio y el sector privado deberían desarrollar una verdadera Ruta Comercial del Caribe.

Jamaica, Bahamas, Turks and Caicos, Puerto Rico y otras economías insulares importan grandes cantidades de alimentos. República Dominicana tiene producción, puertos y una extraordinaria ubicación geográfica.

No basta con participar en ferias. Hay que identificar compradores, cumplir requisitos sanitarios, establecer contratos, desarrollar cadenas de frío y crear rutas marítimas regulares.

También debemos aprovechar mejor nuestra diáspora en Estados Unidos como mercado para productos dominicanos.

Y hay que dar un paso adicional: industrializar nuestra agricultura.

No debemos limitarnos a exportar huevos, pollos enteros, arroz o vegetales. Tenemos que vender productos procesados, empacados y congelados, generando aquí el valor agregado y los empleos.

Esa transformación debería tener en la frontera uno de sus principales escenarios.

Dajabón, Jimaní, Comendador y Pedernales no pueden depender exclusivamente del intercambio comercial con Haití.

Propongo estudiar la creación de Zonas Francas Agroindustriales Fronterizas, con incentivos para empresas que procesen y exporten productos agropecuarios desde esas provincias, procurando que una parte importante de sus ventas tenga destinos diferentes a Haití.

Hay que convertir la frontera de mercado en frontera de producción.

También debemos ordenar la mano de obra agrícola mediante un programa transparente de trabajadores temporales, debidamente identificados, contratados por períodos determinados y sujetos a las normas migratorias y laborales dominicanas.

Finalmente, ambos países necesitan una mesa permanente de comercio bilateral donde participen gobiernos, productores, empresarios, transportistas y comerciantes.

La seguridad fronteriza es indispensable. Pero una verja puede contribuir a la seguridad; no sustituye una política comercial.

Tampoco creo que debamos responder automáticamente cerrando del lado dominicano. Esa represalia terminaría golpeando precisamente a productores, comerciantes y familias de nuestra propia frontera.

Debemos responder de manera más inteligente.

Cada vez que Haití cierre una puerta, República Dominicana debe abrir dos.

Si un producto no puede entrar mañana por Dajabón, busquemos cómo enviarlo por mar, mientras conseguimos compradores en Jamaica, Bahamas, Puerto Rico, Estados Unidos u otros mercados.

La meta de los próximos cinco años debe ser que Haití continúe siendo un gran cliente de la República Dominicana, pero que nunca vuelva a ser un cliente del cual dependa la supervivencia de nuestros productores.

La crisis actual pasará, como han pasado otras. Lo importante es que cuando llegue la próxima no volvamos a tener los mismos camiones detenidos y los mismos productores desesperados.

Lo que Haití cierre mañana, República Dominicana debe comenzar a sustituirlo hoy.

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