Desde el Batey Gallareta, esta madre soltera y estudiante universitaria trabaja con cerdos y ganado, con la meta de convertirse en una de las mayores ganaderas de su región
Elena Vele Yambatis es ganadera. Compra y vende animales, pesa reses para terceros, y maneja con rigor y entusiasmo su pequeño negocio, al que ha bautizado con dos nombres: La finca del Guardia y Peso el Guardia.
Lo hace desde el Batey Gallareta, en San Pedro de Macorís, donde vive con su madre y su hijo, combinando faena rural con estudios universitarios y maternidad.
Con voz firme, afirma lo que ya ha hecho suyo como propósito de vida: “Quiero ser una de las mayores ganaderas de la región”. Y no lo dice por impulso: tiene el conocimiento y la experiencia, y una línea clara que le permite sostenerse incluso en los días más duros.
Su historia no comenzó con una meta clara, pero sí con una afinidad natural por el campo. Desde pequeña, recuerda haber sentido conexión con los animales. “Siempre me gustaron las vacas, las gallinas… me encantaba estar cerca de ellos. Yo jugaba en el patio con otros niños del batey, pero me atraía ese mundo”, rememora.
Durante años, esa inclinación se mantuvo dormida, hasta que se convirtió en forma de vida. Al lado de su esposo, se fue adentrando en el trabajo con animales. Pero la vida le impuso una prueba dura: su pareja falleció, y con él se fue parte de la estructura emocional y económica de la familia. Elena cayó en depresión. “No fue fácil. Me sentía sin fuerzas. Pero un día decidí levantarme. Me dije: yo sé hacer algunas cosas, y me voy a poner en eso”.
Poco después de esa decisión íntima, recibió una visita que le ofreció una oportunidad de negocio. Aceptó. Empezó con la crianza de cerdos. Un familiar le regaló dos lechones. Les compró comida, los cuidó. “Pasé de dos a cinco. Y ahí comenzó todo”, recuerda. Ese paso fue decisivo. El siguiente vino de la mano del programa Mujeres SuperEmprendedoras, una iniciativa del programa Supérate dirigida a mujeres con ideas de negocio o deseos de desarrollarse económicamente. La invitación llegó a través de Clara, una promotora comunitaria. Al principio, Elena dudó. Hoy lo agradece:
“El programa me devolvió la vida. Me levantó la autoestima. Me hizo verme de otra manera”, asegura.
Uno de los talleres que más la impactó fue el de “Conociéndome”. Gracias a ese espacio de formación emocional, aprendió a reconocer sus estados de ánimo y a encauzar mejor su crianza como madre soltera. Otro aprendizaje decisivo fue el de Educación Financiera. “Yo antes no sabía con claridad lo que debía ni lo que podía gastar. Ahora lo tengo claro. Sé cuánto ingreso tengo, cómo organizarme, y hasta le puse nombre a mi negocio, cosa que antes ni pensaba”.




Entre una y otras
Elena divide su tiempo entre varias responsabilidades. Estudia en la Universidad Autónoma de Santo Domingo, recinto San Pedro de Macorís, atiende a su hijo, y mantiene su negocio en marcha. Su madre es su principal apoyo: “Siempre está conmigo, al pie del cañón”.
Trabajar en el campo, en un sector tradicionalmente masculino como la ganadería, no ha sido sencillo. “Hay cosas que los hombres hacen y que a mí se me complican, como andar monte adentro buscando animales. Pero, aún así, muchos me admiran. Me dicen que lo que hago es grande. Y muchas mujeres me ven como un ejemplo”, afirma con naturalidad.
Su negocio tiene ya varias líneas: cría, compra y venta de ganado, y también un servicio de pesaje. “Los otros ganaderos traen sus animales y yo los peso. Me manejo bien con eso. Compro según el precio y la calidad que pueda asumir”, explica. Elena también se ha convertido en una voz que motiva a otras mujeres. “Yo les digo que se pongan para lo suyo. Que estudien, que se preparen. El tiempo va a pasar igual. A mí me frenaron mucho los comentarios negativos. Me decían que no iba a poder. Pero ahora sé que sí puedo, que tengo con qué”.
Hoy, no solo mantiene su negocio, sino que sueña con expandirlo. Quiere tener más animales, mejor infraestructura, y una vivienda propia para darle estabilidad a su hijo. “Una de mis metas es tener mi casa. Ese será otro logro más”.
Elena Vele Yambatis no es solo una ganadera, es una mujer de firmes convicciones. A través de su esfuerzo y del acompañamiento del programa Supérate, ha podido convertir el dolor en impulso, y la incertidumbre en camino.
Y aunque no olvida los días difíciles, ahora se proyecta con mayor claridad. “Con mis emprendimientos quiero seguir creciendo, buscar recursos e invertir más. Gracias al proyecto SuperEmprendedoras por devolverme la valentía y la lucha que siempre he tenido”, dice.
