Wanda Almánzar: 30años de proteger vidas y vencer las barreras

Una iniciativa que comenzó en 1996 con pocos recursos, creció y se convirtió en referente de seguridad industrial

Hay historias empresariales que se cuentan a través de cifras, inversiones y grandes edificaciones.
Otras, sin embargo, comienzan con una máquina de escribir, un teléfono sobre una nevera, una madre que nunca dejó de creer y una mujer dispuesta a desafiar los prejuicios de su época.

La historia de Wanda Almánzar, fundadora de Deinsa, SRL, pertenece a esa segunda categoría. Es el relato de una dominicana que, cuando pocos hablaban de seguridad industrial como una necesidad fundamental, decidió abrirse camino en un sector prácticamente reservado a los hombres, convencida de que proteger a los trabajadores podía convertirse en mucho más que una actividad comercial. Treinta años después de aquella decisión tomada en 1996, la empresa que comenzó en la casa de su madre cuenta con alrededor de 60 colaboradores, instalaciones especializadas, presencia en Santiago y servicios técnicos dirigidos a la prevención de accidentes laborales.

En 1996, Wanda trabajaba en una empresa dedicada a la comercialización de compresores de aire. Fue allí donde comenzó a interesarse por los equipos de seguridad industrial y descubrió una oportunidad que otros no parecían advertir.

Según recuerda, en República Dominicana existía un espacio poco atendido en la comercialización especializada de estos productos. Aquella necesidad despertó su curiosidad y, posteriormente, una determinación que cambiaría su vida. Decidió contactar a un abogado para constituir su propia empresa

Uno de sus hermanos, sorprendido por la decisión, comenzó a reírse hasta caerse de la silla del desayunador. «¿Tú te vas a ganar la vida en este país vendiendo seguridad industrial?», le preguntó. «Cuando me quería rendir, me decía: “Vamos a estar bien, no te preocupes, continúa”». Si existe una figura indispensable en la historia de Deinsa, es María Dolores Sepúlveda, la madre de Wanda. «Mi madre ha sido lo mejor que me pudo pasar en la vida, aparte de mis dos hijos», expresa con emoción. «Mi mamá y yo contra el mundo.

Así comenzamos», recuerda. La primera oficina de Deinsa funcionaba en la casa familiar. Había una máquina de escribir, un teléfono colocado sobre la nevera y una persona encargada de recibir llamadas y documentos enviados por fax.

Su apoyo no se limitó a facilitarle un espacio. Le ofreció algo que ningún préstamo bancario podía garantizar: confianza cuando las dudas aparecían, paciencia ante las dificultades y palabras de aliento cuando el cansancio amenazaba con vencerla. «Me apoyó con todo lo que se puede apoyar a un hijo: con paciencia, resiliencia y amor», afirma.

El baño terminó lleno de cajas. El comedor también. La empresa se trasladó a un pequeño local en la calle Guarocuya. Wanda solicitó un préstamo bancario para adquirir el primer inmueble de la empresa, ubicado en Los Prados.
Los años 2012 y 2013 quedaron grabados en la memoria de Wanda como uno de los períodos más difíciles de su trayectoria. En 2012 falleció su madre.

El 8 de febrero de 2013, un hundimiento del terreno abrió un hoyo junto a las instalaciones de DEINSA en Los Prados. En medio de aquella situación, Deinsa llegó a operar desde distintos espacios, lo que complicó la facturación, la distribución y la atención a los clientes.

Según relata, la empresa perdió alrededor del 30 % de su clientela durante ese proceso. «Nadie presupuesta que un hoyo se va a abrir al lado de su oficina y que tendrá que mudarse», comenta.

La familia Peñalba le facilitó mediante alquiler un local en Herrera, donde Deinsa pudo continuar operando durante aproximadamente un año.

Emprender en República Dominicana durante los años noventa implicaba desafíos importantes. Hacerlo como mujer en un sector vinculado a la industria, la maquinaria y la seguridad laboral representaba una dificultad adicional.
«Tú eres una fresca porque te metiste en un mundo de hombres siendo mujer», llegó a escuchar de algunos clientes. «¿Por qué tú no te vas a la oficina, pones dos plantas ornamentales para adornar y te dedicas a vender labiales?», le dijeron. No quería vender labiales. Quería vender seguridad.

Quería demostrar que una mujer podía conocer las necesidades técnicas de una industria, asesorar a sus clientes, dirigir una empresa y participar en conversaciones comerciales que tradicionalmente habían estado reservadas a los hombres. Vende protección, pero trabaja para preservar vidas

Su propósito es contribuir a que los trabajadores regresen sanos a sus hogares. «Ese trabajador es hijo de alguien, hermano de alguien, esposo de alguien y padre de alguien. Eso es lo que tenemos que procurar». Wanda reconoce que uno de los mayores desafíos durante estas tres décadas ha sido educar a las personas sobre la importancia de utilizar correctamente los equipos de protección.

Un objeto pesado puede provocar lesiones graves en los pies. Una máquina intervenida sin los procedimientos adecuados puede ocasionar amputaciones. Una maniobra imprudente con un montacargas puede desencadenar un accidente de consecuencias irreversibles.

Es necesario enseñar a utilizarlos, comprender sus funciones y asumir la responsabilidad individual y colectiva de prevenir accidentes. Son aquellos en los que un cliente le cuenta que un equipo de protección evitó una tragedia.

Recuerda empresas donde se conservan lentes de seguridad rotos por impactos que pudieron haber provocado la pérdida de un ojo. También ha visto cascos deformados después de recibir golpes que, sin aquella protección, habrían causado lesiones de extrema gravedad. Son testimonios silenciosos de vidas protegidas. Porque detrás de los resultados comerciales existe algo mucho más trascendente: la posibilidad de contribuir a que alguien continúe viviendo.

Entre las áreas de formación menciona los sistemas de protección contra caídas, los trabajos en altura, los equipos de medición de gases y los aparatos de respiración autónoma utilizados por bomberos y personal industrial.

La empresaria destaca que Deinsa dispone de un centro especializado para la certificación de estos equipos, así como de servicios relacionados con la verificación de dispositivos de medición de gases. Además de su sede principal, Deinsa inauguró una sucursal en Santiago el 7 de enero de 2026. Actualmente, la organización cuenta con aproximadamente 60 a 62 colaboradores, distribuidos entre sus diferentes áreas operativas.

Una dimensión íntima que no aparece en relatos

Detrás de la fortaleza empresarial de Wanda existe una dimensión íntima que pocas veces aparece en los relatos de negocios. Sus hijos tuvieron que acostumbrarse a las ausencias de una madre que viajaba constantemente para atender clientes. En ocasiones salía de Santo Domingo a las tres o tres y media de la madrugada para llegar a Santiago antes de las ocho de la mañana.

«¿Llegaste, mamá?», le preguntaba su hijo. «Vamos a pintar». Y había que sentarse a pintar. Reconoce que sus hijos sufrieron por sus ausencias. En 2026, Deinsa alcanza tres décadas desde su fundación. La verdadera dimensión de esta historia está en las personas.

Inspiración
Deinsa nació de un sueño. Creció gracias a la perseverancia. Y, treinta años después, encuentra su mayor razón de ser en la vida.

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