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Los hambrientos claman por el regreso de Lula en Brasil
Los hambrientos claman por el regreso de Lula en Brasil

María Angélica Troncoso

Río de Janeiro, EFE.- «No estoy comiendo carne», asegura Teresa a Efe. «El arroz y el frijol están muy caros, dice Damiao. El clamor por la comida fue el común denominador en la Rocinha, la favela más grande de Brasil, donde miles de personas madrugaron este domingo para votar con la esperanza de un cambio.

Este domingo, más de 156 millones de brasileños salieron a las urnas en los comicios más polarizadas de la historia del país. Donde la izquierda busca volver al poder con el exmandatario Luiz Inácio Lula da Silva, el gran favorito, mientras la derecha quiere mantenerse bajo la guía de Jair Bolsonaro, que busca la reelección.

FILAS KILOMÉTRICAS

La pobreza, que azota a casi la mitad de los habitantes del país, fue uno de los principales motores de la jornada.

En la Rocinha, ese deseo se reflejó desde tempranas horas de la mañana, con kilométricas filas de personas esperando la apertura de los comicios en el colegio público Ayrton Senna da Silva. Que se levanta a los pies de esta enorme favela enclavada en la ladera de un cerro.

El ambiente estaba calmado en los alrededores de la favela. Aunque el proselitismo político está prohibido, sus calles rebosaban de panfletos políticos en una alfombra sin fin que se fundía entre colores y nombres de candidatos de diversos partidos.

HAY QUE MEJORAR EL PAÍS

Localizada junto a Sao Conrado, uno de los barrios más lujosos de Río de Janeiro. La Rocinha alberga a cerca de 100.000 habitantes que conviven apretados en medio de la pobreza.

La mayoría de ellos provienen de otras partes del país, buena parte del empobrecido noreste al que hoy en día extrañan con nostalgia porque pese a las carencias, allá «todo es más barato».

Así lo señaló Carlos Alberto Borges, quien vive hace más de 50 años en la Rocinha pero es oriundo de Sobral, un pequeño municipio del estado de Ceará, y quien pese a sus 72 años madrugó para ejercer su derecho como ciudadano.

Para la mayoría de los brasileños votar es obligatorio, pero para los mayores de 70, como Carlos Alberto, es facultativo.

«Si no votamos no vamos a ayudar al país que está tan destrozado. Espero que mejore y que ojalá se pueda arreglar. No será totalmente porque está muy mal, pero ojalá arreglar la salud, el hambre y el empleo», dijo mientras mostraba la carátula de Lula en una revista.

«Nadie sale de casa temprano para enfrentar una fila de estas porque sí. Queremos algo mejor», agregó.

Borges, que es albañil, siente que vive en mejores condiciones que otras personas en la comunidad. Varias de ellas, que se encontraban en la fila confirmaron a Efe que «la comida falta», «el plato está vacío» y «la plata no alcanza», aunque prefirieron permanecer anónimas.

«LA CULPA ES DE BOLSONARO»

En Brasil, un país donde habitan 213 millones de personas, casi la mitad pasa hambre.

Según el Centro de Estudios Sociales de la Fundación Getulio Vargas, 63 millones de personas sobreviven con unos 500 reales (94 dólares) y otros 33 millones viven en extrema pobreza, con ingresos de 105 reales (20,5 dólares) al mes per cápita.

Los más pobres culpan de esa situación a Bolsonaro, a quien ven ajeno a las necesidades reales del país y «amigo» de los ricos a quienes «enriquece más».

Así lo aseguró Juaréz Gomes, quien indicó que «la situación con este Bolsonaro está pésima».

Entre los votantes de Rocinha también hubo quien asistió a la fiesta electoral con el único objetivo de impedir que el Gobierno actual continúe. Pese a no estar muy convencidos de que el escogido vaya a hacerlo mejor.

«Voy a votar por el PT (Partido de los Trabajadores, la formación de Lula) porque desafortunadamente no hay otro candidato que pueda sacarlo. Si hubiera otro hasta intentaría otra opción también, pero no hay. Entonces para sacar al actual, solo el PT», indicó Roberto Santos, antes de votar, para luego salir a trabajar como portero en un edificio de Copacabana.

OTROS PIDEN CONTINUIDAD

Mientras en la Rocinha la gente clamaba por un cambio que devolviera la comida al plato, en Barra de Tijuca, uno de los barrios más adinerados de Río y fortín político de Bolsonaro, la gente votaba pensando en valores y en Dios.

«Voto porque soy a favor de nuestra libertad, la familia y Dios», aseguró María Fernanda Silva, un ama de casa de 62 años.

Ese deseo fue confirmado por Daniel Ferreira, un empresario que ve el país en «óptimas» condiciones e insiste en la necesidad de que haya continuidad para dejar un mejor futuro a los jóvenes.

«Nosotros tenemos ese deber cívico de votar en la persona correcta. El país necesita dar continuidad a aquello que se está haciendo. Brasil merece lo mejor», aseguró.

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