A seis años de una tragedia que consternó al país

Mateo Aquino Febrillet, exrector de la UASD.

Cada 11 de marzo surgen las mismas preguntas. No importa las veces que se analice aquel trágico suceso, para Jonathan Febrillet, hijo del extinto rector de la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD), Mateo Aquino Febrillet, nada tiene sentido.

Todavía se cuestiona el porqué de la muerte de su padre, quien nunca tuvo enemigos personales, más allá de los típicos adversarios políticos o universitarios. “Cada vez que llegan este tipo de fechas, siempre me preguntan sobre cómo nos hemos hecho; si te digo que hay una fórmula de cómo sobrepasar ese tipo de pérdida, no te la puedo decir porque no existe; solo te puedo decir que solo podemos recordar sus cosas buenas y los momentos alegres que vivimos, tal como él lo hubiese querido”, explica Jonathan a elCaribe.

Aquella tarde de 2016, el exrector de la UASD sostenía una reunión en un restaurante de la capital con varios dirigentes sancristobalenses del Partido Revolucionario Moderno (PRM), entre los que se encontraba Edward Montás, candidato a diputado por San Cristóbal en ese momento.

También estaba presente el otrora presidente de la Federación Dominicana de Transporte Dominicano (Fenatrado), Blas Peralta, quien había fundado su propio partido llamado Partido de la Esperanza Nacional (PEN), el cual no había sido reconocido como tal por la Junta Central Electoral (JCE).

Según testimonios, todo transcurría normal en aquella tarde; pero entre debates políticos y conversaciones estratégicas de la dirigencia, casi todos ignoraban, incluyendo al exrector, que entre Peralta y Montás habían asuntos pendientes que saldar.

De acuerdo a las ventilaciones de los hechos en los tribunales, al concluir la reunión, Peralta se le acercó a Montás para reclamarle por una supuesta amenaza que este le había hecho a un amigo suyo.

Ese acercamiento sería acompañado por señalamientos con el dedo apuntando hacia el rostro por parte del sindicalista, lo que provocaría que Montás reaccionara “empujándolo o abofeteándolo” al punto de Peralta caer y rodar por el suelo.

Es entonces que Febrillet, al ver la situación, trataría de mediar en el conflicto al llevarse a Montás del lugar para evitar una desgracia en el propio restaurante. Sin embargo, la tragedia apenas empezaba.

Una persecución de terror

Luego del altercado, Montás había decidido abandonar el lugar junto al exrector (quien también era candidato a senador por el PRM), su chofer Joel Antonio Soriano Ramírez, la secretaria Rosa Elaine Mañaná Ramírez y el oficial de seguridad Omar Enriquillo Sosa Méndez.

Posteriormente, el vehículo donde se trasladarían, propiedad de Aquino Febrillet, sería perseguido por dos yipetas: una verde oscuro y otra dorada.

Frente a esto, el responsable de la seguridad del exrector, Sosa Méndez, había ordenado al chofer que se dirigiera al edificio donde vivía el entonces presidente de la República, Danilo Medina, presumiendo que en la zona podría haber presencia policial; pero al llegar y no ver personal de seguridad, decidiría seguir hasta el destacamento policial del Mirador Sur.

En el trayecto, serían interceptados por la yipeta verde oscuro en la cual viajaban Blas Peralta, Geraldo Féliz Batista Mena y Franklin Venegas. Detrás de este vehículo y en franca persecución, venía otra yipeta dorada.

Blas hizo los disparos

Edward Montás testificaría posteriormente que el vehículo donde andaba Blas Peralta se posicionaría de forma paralela a la yipeta en que andaba Febrillet; y a continuación vería al sindicalista sacar una pistola y apuntarles de manera directa. “Se pararon paralelo a nosotros, cuando miro lo que veo es a Peralta apuntando, yo me abajo y le digo a los otros que se abajen que no entren (al destacamento) y ahí empezaron los disparos”, explicaría Montás.

Una de esas balas entraría al cuerpo de Febrillet, desde atrás por el hombro izquierdo sin salida, la cual produciría su muerte al momento de ser llevado herido al Centro Médico Real.

Peralta después reconocería los hechos. “Sí tribunal, yo hice dos disparos a la yipeta, y pensé que la yipeta era blindada, porque al ser una yipeta no vi su interior, y no es cierto que se trancó ninguna pistola, la pistola tenía 17 tiros, y si yo me fajé con la pretensión de matar, disparo los 17 tiros y solamente hago dos disparos”.

Esta historia fue corroborada por los otros acusados, Franklin Vanegas y Geraldo Bautista, quienes testificaron en el estrado que Peralta fue quien disparó y que la pistola se le encasquilló y que supuestamente dijo que “si no se me hubiera trancado me lo llevo a to’.

Finalmente, Blas Peralta sería condenado a 30 años de cárcel en 2017 y su condena sería ratificada un año después por la Suprema Corte de Justicia. Los otros implicados también resultarían condenados con penas más leves por cooperar con las autoridades.

Siempre existe el temor

Ante la pregunta sobre una eventual liberación de Blas Peralta, Jonathan Febrillet explica que siempre existe el temor de que él sea puesto en libertad. Sin embargo, este confía totalmente en la justicia dominicana.

“Gracias a la justicia dominicana que nos ha respaldado y nos ha demostrado que podemos confiar en ella. Y gracias a Dios que eso nos ha reconfortado y nos ha tranquilizado de una manera que tú no te puedes imaginar. Pero de que hay temor, sí, no te lo puedo negar”, expuso el hijo del extinto rector.

Honras en su honor

La UASD anunció que designará un aula de la Facultad de Ciencias Económicas y Sociales con el nombre del extinto Mateo Aquino Febrillet. Además, realizarán un acto de recordación del sexto año de su muerte, en la tarja ubicada en la parte sur del Aula Magna del recinto universitario..

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