Ante una reforma de la Policía Nacional

La noche anterior  a la designación por el presidente Luis Abinader,   del grupo de trabajo para la transformación y profesionalización de la Policía Nacional, uno de sus ministros se comunicó conmigo, y me dijo que el Presidente,  tenía interés de que formara parte del organismo que se proponía instituir para estudiar la posibilidad  de transformar la policía.

Le manifesté a mi interlocutor que le hiciera saber al Presidente, que para mí era motivo de satisfacción  que tuviera  en cuenta mi persona para un objetivo que, como el de adecentar y humanizar la Policía Nacional, es de interés nacional,  que le deseaba muchos éxitos a él y a los que integrarían el organismo a formar.

Le expliqué, además,  a la persona que me comunicó el mensaje presidencial, que no creo en ningún proyecto que tenga por finalidad mejorar  el órgano policial dominicano, porque son sistémicos los males que afectan a la Policía Nacional.

I.- No es solamente remendar la policía

Las taras que afectan a los que están en la Policía Nacional, son las mismas que acompañan a los corrompidos en el servicio judicial como jueces,  fiscales y alguaciles; en los Colegios de abogados, médicos, ingenieros,  periodistas, y en otras agrupaciones de profesionales.

Para hacer una labor de higienización más amplia, si  se habla de limpiar la Policía Nacional, conviene asear a todos los órganos e instituciones del Estado, no sin antes hacer lo mismo con la familia dominicana que está profundamente descompuesta.

Las instituciones y órganos del Estado, en las sociedades humanas  no surgen como consecuencia de la voluntad de las personas, sino como resultado del desarrollo, del  progreso social. Son categorías históricas.

La gravedad, la magnitud de la descomposición de la sociedad dominicana, es de una complicación tan engorrosa, que no se soluciona con la falsificación de lo deseable. Lo de la Policía  Nacional, al igual como lo es el sistema social que padecemos, es irremediable. No hay cura posible.

El estado de degradación ético y moral, que acompaña a la sociedad dominicana, se refleja en la familia y en la escuela, así como en todo el aparato estatal del país. La Policía Nacional no es el rampano que más hiede en el ordenamiento social dominicano, pero es el de más notoriedad pública y sus miembros proceden de los  estratos  más oprimidos, víctimas de las desigualdades de oportunidades que genera statu quo. Ningún hijo de las clases dominantes ha sido, ni es agente de la Policía Nacional.

Un robo descarado que en cualquier institución del Estado, se minimiza, pero si ocurre en la Policía Nacional, se escandaliza. Lo ruidoso en la policía, pasa como  quieto en el resto de la sociedad.

La grandeza de ánimo que muchas personas están dispuestas a poner de manifiesto  para remendar  a la Policía Nacional,  seria de mejor y mayor provecho si unifican sus sanas voluntades  a los fines de cambiar aquello que en nuestro país, todo lo tiene dañado, inservible: el sistema que padecemos, que hace imposible tener  la policía que queremos y necesitamos.

Las fuerzas motrices de nuestro país, sinceramente interesadas en la creación de un ordenamiento económico y social con sentido de futuro, deben gastar sus energías  en todas aquellas actividades que tengan por finalidad refundar el Estado dominicano. Nada se logra haciendo el papel de bombero social, dándole  una aspirina a un sistema moribundo.

II.-  Debemos cuidarnos de los asesores policiales norteamericanos

 No es bueno actuar bajo estado  de precipitación. Ya lo escribió Cervantes, que  la desesperación es mala consejera. La continuidad de escándalos en la Policía Nacional, no debe motivar al gobierno dominicano a salir al galope a buscar asesores extranjeros que en nuestro país tienen  un ensangrentado pasado disfrazado de asesoría.

El día jueves 29 del mes y año en curso, la prensa nacional  dominicana, publicó “que el Presidente Abinader, firmó un acuerdo de 6.6 millones de  dólares con el Departamento de Estado de los Estados Unidos, para la lucha  contra el narcotráfico, el crimen organizado  y apoyo a la reforma policial”.

La citada noticia me hizo recordar las declaraciones que para el periódico El Nacional, el día 30 de noviembre de 1991,  le hice al periodista Juan Bonilla, en Santiago,  en el sentido de que “la disolución  de la Policía Nacional procede;  que debe ser creada una institución del orden nueva  sobre la base  de los estudios que existen al respecto. Además, que tenía informes de que hace varios años un organismo vinculado a la Agencia Internacional para el Desarrollo, en el sector de la Seguridad Pública, realizó un estudio y concluyó que realmente la Policía Nacional tiene que ser transformada”.

Ahora que se está hablando de reformar la policía  y se menciona al Departamento de Estado,  debemos de tener mucho cuidado con esos asesores que aportan los norteamericanos, porque fueron estos, precisamente, los que enseñaron a la Policía Nacional dominicana, a torturar, matar y desaparecer. No olvidemos la labor aquí del asesor policial norteamericano, especialista en torturas, de nombre Dan Mitrione, y el caso del agente  Derek Chauvin, que asfixió a  George Floyd.

En el año 1991, siendo jefe de la policía el mayor general Ramón Alcides Rodríguez Arias, le  expuse la idea de  efectuar un seminario convocado por la  PUCMM, Colegio de Abogados, Asociación Médica, grupos de sociólogos, periodistas, trabajadores sociales y miembros de la misma Policía Nacional, para discutir la posibilidad de la disolución o no de la policía; crear un cuerpo nuevo, así como otros temas. Nuestra sugerencia no prosperó.

 

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