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Los patrones existentes predicen altos niveles de vulnerabilidad y riesgos en varias zonas del país

La República Dominicana forma parte del grupo de países afectados por las consecuencias negativas del cambio climático por la desmedida e incontrolada industrialización del primer mundo.

También por factores naturales y antrópicos, condicionado por su ubicación geográfica. De hecho, el secretario general de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), António Guterres, aseguró que el Caribe es la “zona cero” del estrés climático. Coincidentemente se celebró en el país la Semana del Clima de América Latina y el Caribe para impulsar la acción global y regional a favor del medioambiente.

En este aspecto, la zona fronteriza compuesta por las provincias Monte Cristi, Dajabón, Elías Piña, Independencia, Santiago Rodríguez, Bahoruco y Pedernales, no escapa a las amenazas de la emergencia climática que se enfrentarán o empeoran, frente a huracanes, deslizamientos de tierra, inundaciones, sismos, tsunamis y la contaminación causada por los vertederos de residuos sólidos.

Según el estudio ´´Diagnóstico de las brechas estructurales de la zona fronteriza´´, elaborado por el Ministerio de Economía, Planificación y Desarrollo junto a la Dirección de Políticas de Desarrollo de la Zona Fronteriza, entre otras entidades gubernamentales y organizaciones sin fines de lucro, señalan que en el área limítrofe se encuentran unos 485 poblados en locaciones de riesgo, el 33 % del territorio tiene una amenaza baja, un 49 % media y un 18 % alta. Igualmente, el 4 % de los poblados están en peligro alto, localizados mayormente en Pedernales. Esta zona prospecta para la significativa inversión pública y privada para el desarrollo turístico. Asimismo, el factor de pobreza caracteriza los niveles de fragilidad.

“El análisis indica que seis comunidades se localizan en zonas identificadas como posibles áreas de deslizamiento de tierra y sus niveles de exposición son muy altos. Son un total de 66 mil 096 infraestructuras para las clases analizadas, de las cuales 1,508 se encuentran en zonas de deslizamiento. Otra amenaza y quizá la que tiene una mayor incidencia en la población nacional, debido a su recurrencia son las inundaciones. Estas pueden ser causadas no solo por el efecto de la caída de grandes volúmenes de lluvia por un tiempo prolongado, sino también por la saturación de los suelos”, explican en la investigación.

De la misma manera, las inundaciones se posicionan como aviso de peligro, no solo por las precipitaciones, también por la saturación de los suelos. Advierten que “Cruzando las zonas de inundación con los poblados, se identificaron 115 comunidades establecidas en zonas de inundación, lo que representa el 24 % del total. La zona con mayor área inundada se localiza en la planicie de inundación del río Yaque del Norte, en los distritos municipales y municipios de Guayubín, Las Matas de Santa Cruz, Santa María, Castañuelas, Palo Verde y Monte Cristi. La segunda zona de inundación de mayor extensión es provocada por la crecida del río Yaque del Sur. Esta se ubica en la Hoya de Enriquillo y afecta a los distritos municipales de Mena, Santa Bárbara el 6, Monserrat, Santana, El Palmar, Cristóbal, Batey 8 y El Palmar”.

Riesgos de licuefacción de suelos

En ese sentido, la zona fronteriza presenta riesgos de licuefacción, es decir, una destrucción de carácter mayor relacionada con terremotos y el comportamiento de los suelos e inestabilidad de un talud (inclinación de un terreno), sobre todo en las superficies arenosas y de baja consolidación. “Las zonas con mayor susceptibilidad a este fenómeno se concentran en la planicie de inundación del río Yaque del Norte, Monte Cristi, por la geología de sus suelos y el paso de la falla septentrional. En la región suroeste la provincia de Bahoruco también tiene una gran susceptibilidad debido a los suelos compuestos por limo y arena, la influencia del lago Enriquillo y del río Yaque del Sur”, sostienen.

Fallas sísmicas

Por otra parte, los sismos representan una amenaza real para esta demarcación, sobre todo por el historial reciente de epicentros, localización de fallas, una de ellas la falla septentrional, que va desde los distritos municipales de Monte Cristi, Villa Vásquez, Guayubín, Villa Elisa y Hatillo Palma en la zona fronteriza y que se extiende hasta la bahía de Samaná. Otros defectos sísmicos de menor actividad reciente atraviesan las provincias de Dajabón, Santiago Rodríguez, Elías Piña, Bahoruco e Independencia.

Tsunamis

Del mismo modo, estas comunidades están expuestas incluso a tsunamis con olas de altura de hasta cinco metros, por consiguiente, advierten que, “las superficies de mayor exposición frente a estas amenazas en la zona fronteriza son las desembocaduras de los ríos, humedales de las zonas costeras, playas y manglares degradados, espacios que facilitan la entrada a tierra de olas de gran dimensión. Cuatro comunidades de la zona fronteriza tienen alto riesgo de ser impactadas por un tsunami, tres de las comunidades están en Monte Cristi y una en la provincia Pedernales”.

Frente a estas brechas y riesgos climáticos, existen infraestructuras esenciales expuestas ante diversas amenazas. Estas son: edificaciones escolares del Ministerio de Educación, obras de toma, hospitales, centros de salud, boticas y albergues. De igual forma, están presentes otros riesgos naturales como incendios forestales, contaminación auditiva, acuífera, aire y suelo, socavones y la proximidad a industrias y estaciones de combustibles.

El gobierno debe prestar especial atención a la zona fronteriza, por los patrones climáticos muy diversos, que van desde las zonas áridas con altas temperaturas a las zonas productoras de agua donde se encuentran los bosques nublados. Para mantener la conservación de los bosques que es la principal medida de adaptación a los efectos del cambio climático, ya que asegura el acceso al agua y previene la erosión. ¿Cuál es el futuro de la frontera frente al cambio climático?

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