Lecciones de ocho comicios para la sucesión política

Pase de antorcha para los partidos en el poder es una prueba no superada para la mayoría

En casi medio siglo (1978-2026) en el país se han celebrado ocho elecciones que implican relevo político o pase de antorcha, tanto a lo interno de los partidos políticos como para entregar el poder por parte del presidente de turno. La mayoría de los casos, son experiencias traumáticas, que han hundido a los partidos y en otro, a los propios líderes políticos.

Las mejores experiencias son las Juan Bosch, Joaquín Balaguer y Leonel Fernández. Los presidentes Antonio Guzmán, Salvador Jorge Blanco, Hipólito Mejía y Danilo Medina, han vivido experiencias más traumáticas cuando les tocó dejar el poder, tanto dentro como fuera de sus partidos.

La referencia más reciente para la sucesión en el poder, le tocó al líder y presidente del Partido de la Liberación Dominicana (PLD) Danilo Medina. El político, en el PLD escogió a Gonzalo Castillo como su sucesor para la presidencia de la República en 2019. El hecho, provocó una división del partido morado y posteriormente, en las elecciones de 2020, perdió el poder. La organización había gobernado durante 16 años, cuatro periodos consecutivos.

El partido morado vivió prueba similar en 2012. La Constitución de la República le prohibió la reelección a Leonel Fernández, entonces presidente con dos periodos seguidos. Fernández, cuando llegó el momento de decidir, se mantuvo neutral en la competencia interna y en primarias cerradas, Medina ganó la candidatura presidencial y luego el PLD retuvo la Presidencia de la República, en las elecciones generales.

Ocho años antes, en 2004, a Hipólito Mejía le correspondía entregar el poder porque la reelección presidencial estaba prohibida. Sin embargo, impulsó un proyecto de reforma constitucional en 2002, lo que dividió al Partido Revolucionario Dominicano (PRD) por el rechazo del entonces presidente de la organización, Hatuey de Camps. Mejía se presentó a la reelección y el partido blanco perdió el poder.

Cuatro años antes, en 2000, Leonel Fernández, cumplía su primer periodo de gobierno y la reelección presidencial estaba prohibida por lo que se vio obligado a entregar el poder. En el proceso interno del PLD, se mantuvo neutral. Danilo Medina le ganó la contienda a Jaime David Fernández Mirabal, en las primarias de 1999. En las elecciones de 2000, el PLD perdió el poder, pero se mantuvo unido.

Para el 1996, el entonces presidente Joaquín Balaguer, por primera vez desde 1966, se ve obligado a no aspirar a la Presidencia de la República debido a que la reforma constitucional de 1994, prohibió la reelección presidencial.

En las primarias del Partido Reformista Social Cristiano (PRSC) de 1995, Balaguer se mantuvo neutral y las votaciones las ganó el entonces vicepresidente, Jacinto Peynado. En las elecciones del 16 de mayo del año siguiente, el PRSC descendió al tercer lugar y quedó eliminado de la competencia.

Diez años antes, para las elecciones de 1986, el PRD que estaba en el gobierno se encontró con el mismo desafío. Salvador Jorge Blanco era el presidente, sus estatutos prohibían por principio la reelección presidencial. Por tanto, Jorge Blanco le tocaba pasar la antorcha a un dirigente de su partido.

Las primarias las ganó el entonces vicepresidente Jacobo Majluta, pero perdió las elecciones vencido por Balaguer desde la oposición.

La misma prueba de Jorge Blanco, la vivió cuatro años antes, en 1982, el fallecido presidente Antonio Guzmán, la Constitución de la República no ponía límites a la reelección presidencial, pero los principios del partido blanco sí.

Las primarias del PRD las ganó Jorge Blanco y retuvo el poder. Sin embargo, el político no recibió la banda presidencial de Guzmán, porque el presidente se suicidó en el propio Palacio Nacional el 4 de julio, 34 días antes de entregar el poder. El cargo lo asumió el vicepresidente, Jacobo Majluta y entregó la banda a su compañero de partido.

¿Y el PRM?

El PRD, partido del que salió el Partido Revolucionario Moderno (PRM), arrastra una historia de divisiones y traumas en los procesos de transición del liderazgo partidario. El PRM, principal del país y el más exitoso en corto tiempo en la historia electoral, tiene la prueba que han enfrentado otras organizaciones de cara a las elecciones de 2028.

Hasta ahora, el PRM nunca ha enfrentado ese desafío, pues nació y creció con el presidente Luis Abinader como líder fundamental y único candidato presidencial en las tres elecciones que ha participado, 2016, 2020 y 2024. La primera prueba de esa organización, las primarias para definir la candidatura presidencial, ya está en marcha y concluirá con las votaciones internas de octubre de 2027 de donde saldrá el sucesor o sucesora de Abinader. La segunda prueba será retener el poder luego de dos periodos consecutivos.

El PLD logró con éxito tres transiciones para la candidatura presidencial, pero se quemó en la cuarta

El PLD es la única organización que ha logrado con éxito el paso de la antorcha política, al menos hasta 2020. En 1995, cuando Bosch, fundador y líder del PLD, salió del escenario, la organización, por primera vez, tuvo el reto de escoger una candidatura presidencial distinta a la de su líder político. Las primarias, para entonces una organización que decidía mediante organismo y no voto directo, no fueron traumáticas y las ganó ampliamente Leonel Fernández. Luego, para las votaciones de 2000, el PLD sin Bosch en el escenario. Le tocó la segunda prueba del paso de antorcha. Fernández fue el protagonista, al partido morado le fue bien en el proceso interno, pero perdió las elecciones. Volvió a elegir sin traumas la candidatura presidencial para las elecciones de 2004 y logró ganar la contienda. En el 2012, el PLD también con Fernández, logró con éxito el pase de antorcha y retuvo el poder, pero no superó la misma prueba para el 2020. Hasta el momento, el PLD es la única organización que ha logrado ese proceso sin tráumas. Un caso particular es el de Balaguer, que su partido no superó la primera prueba sin su figura en la boleta presidencial, sin embargo, él como líder político sobrevivió al proceso y su cierre en la participación política del país, fue sin traumas.

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