La inmigración haitiana, salarios y equidad

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    La inmigración haitiana es uno de los temas más polémicos en la sociedad dominicana. Uno de los argumentos más socorridos por economistas es que los fuertes flujos de inmigrantes desde Haití deprimen los salarios, exacerban la inequidad y retrasan la modernización tecnológica. El argumento de los salarios es simple: al incrementarse la oferta de mano de obra, los salarios o las remuneraciones al trabajo en general tienden a bajar o a crecer más lentamente.

    El argumento de la iniquidad descansa en dos ideas distintas pero que podrían ser complementarias. Una es que al ser de fuerza de trabajo no calificada, la inmigración reduce las remuneraciones en ocupaciones de baja calificación, mientras que el resto sigue su propia dinámica. Esto resulta en que las remuneraciones para las ocupaciones de mayor calificación crecen más rápido que las de menor calificación, ampliándose la brecha entre ambas. Otra es que la baja en los salarios que provoca la inmigración se traduce en mayor rentabilidad en las actividades que contratan a inmigrantes o dominicanos de similares características. De esta forma, mientras unos ganan (los capitalistas) otros pierden (los trabajadores).

    El argumento del rezago tecnológico se deriva de lo anterior: en la medida en que haya fuerza laboral de bajo precio, no hay incentivos fuertes para el cambio tecnológico que reduzca la demanda de trabajo e incremente la productividad.
    Sin embargo, esos argumentos suponen tres ideas al menos controversiales. La primera sería que los inmigrantes haitianos efectivamente compiten con los dominicanos y que no hay segregación laboral. La segregación laboral se produce cuando ciertos tipos de trabajo se asocian con ciertas personas (mujeres, jóvenes, inmigrantes, etc.). Mientras más intensa sea la segregación laboral, menos plausible es la hipótesis de que las y los inmigrantes compiten con trabajadores nacionales porque los primeros se ubicarían en ocupaciones y sectores “de inmigrantes” en los que la población local no se ocupa.

    En el país hay evidencia de segregación en sectores donde laboran haitianos. Se puede argumentar que la segregación es el resultado de salarios menores para los inmigrantes que se sostienen por un tiempo largo, lo que haría salir a los trabajadores nacionales de esas actividades. Eso implicaría que éstos encontraron alternativas mejor remuneradas en otras actividades, lo que reduciría la fuerza del argumento, en parte porque los bajos salarios para los dominicanos habrían sido temporales. Pero otras explicaciones de la segregación son de naturaleza distinta; por ejemplo, que la rentabilidad de algunos sectores se fue reduciendo, expulsando dominicanos y atrayendo haitianos. Este podría ser el caso de la pequeña agricultura de montaña.

    La segunda idea controversial es que lo que producen los migrantes no es relevante para los salarios reales. Es claro que una parte significativa de los migrantes haitianos labora produciendo alimentos. Sus bajas remuneraciones contribuyen a que los precios de esos productos sean más bajos y, por tanto, a un aumento del poder adquisitivo con los salarios reales. Sería una situación en que la miseria de los migrantes haitianos subsidia al resto de la economía.

    La tercera idea problemática es que si los salarios en las actividades que contratan migrantes baratos hubiesen crecido como en el resto, éstas se habrían transformado tecnológicamente buscando reducir los costos laborales. Esto supondría que esas actividades estarían en condiciones de modernizarse y que para ello el salario es determinante. Desafortunadamente para el argumento, el cambio tecnológico depende de muchos otros factores. Elementos como el entorno de políticas, el crédito, la capacidad de inversión y la vinculación a los mercados podrían ser incluso más determinantes.

    En síntesis, no es claro que la inmigración aumente la pobreza dominicana, reduzca los salarios y retrase el desarrollo tecnológico. El argumento es robusto pero debe ser contrapesado frente a otros como la segregación laboral. El fenómeno parece ser mucho más complejo que lo que sugiere la teoría convencional.
    PAVEL ISA CONTRERAS
    economista
    [email protected]
    Twitter: @isapavel

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