El Jardín Botánico Nacional (JBN) es una de las maravillas y destinos preferidos de la ciudad de Santo Domingo, tanto para la generalidad de los dominicanos como para los extranjeros. Abierto en 1976, se ha convertido en un referente obligado, ya como uno de los pulmones urbanos, como centro de recreación, conocimiento y disfrute, o como laboratorio para el impulso de la biodiversidad sostenible en la República Dominicana, como centro de investigación y reproducción de nuestra flora.
En dos millones de metros cuadrados, conjuga con los demás parques una contribución a la habitabilidad de la ciudad. Sirve también de refugio a especies de la fauna nativa. Después de un período algo azaroso, el Botánico se ha recuperado bajo el influjo de una camada de biólogos que lo ha convertido en uno de los mejores jardines del continente.
Es más que un jardín. Como auspiciador de la investigación orientada a la conservación de la flora dominicana apuntala las metas de la Estrategia Nacional de Conservación y Uso Sostenible de Biodiversidad 2011-2020.
Sus autoridades actuales quieren que se sepa lo que hacen por la vida en la isla de Santo Domingo y por eso nos visitaron ayer. Su impacto en la educación ciudadana sobre el valor de nuestra flora, en la formación de maestros y técnicos, la protección en su herbario de por lo menos 130 mil plantas nativas, estimula el desarrollo de la foresta y el uso de las plantas en la salud humana.
Asimismo, impulsa un proyecto para el establecimiento de un Banco de Semillas y Cultivo in Vitro orientado también a la conservación. Ya ha colectado 2 millones 244 mil semillas de nuestra rica y variada flora.
Y pronto, con la colaboración de una mano amiga, estará inaugurado un mariposario, o jardín de las mariposas, que ampliará el conocimiento sobre esos especímenes; cómo contribuyen al equilibrio ambiental y cómo pueden impactar la producción de alimentos, como las abejas.
Con una capacidad para producir hasta un millón de plantas cada año, con vocación de autogestión, el jardín hace maravillas con un cortito presupuesto.
El gobierno nacional debe estimular esa obra reconocida por organismos internacionales.
