Naturaleza humana

Urgando en mis archivos, encontré mi artículo La Naturaleza Humana, que escribí y publiqué hace varios años y sigue vigente.

Urgando en mis archivos, encontré mi artículo La Naturaleza Humana, que escribí y publiqué hace varios años y sigue vigente. Lean ahí: Los estudiosos del comportamiento humano con frecuencia teorizan sobre la relatividad de las reacciones de hombres y mujeres frente a situaciones comunes determinadas, tales como las derivadas del amor y/o el desamor, el desengaño, la depresión y la discapacidad emocional y/o financiera, entre otras.

Es cierto que no todos reaccionamos del mismo modo y manera frente a estos dilemas ya tan comunes en la cotidianidad, pero sí es real que la descomposición moral de la sociedad de hoy nos ha hecho –¡así generalizado!- más inhumanos a todos.

No es solamente la pérdida de valores esenciales de la vida misma la que acusan casi todas las actividades en que interactuamos, sino también que escasean significativamente actitudes antes comunes en los núcleos colectivos; por ejemplo: lealtad, solidaridad, sinceridad, identidad y hasta voluntad y amistad.

¡Y qué decir de los avances de la ingratitud, la chismografía, la mediocridad y la envidia! Erróneamente, muchos juzgan a los demás por sus últimas o primeras acciones, según su conveniencia, no por un promedio de todo cuanto han hecho.

De ahí, la inequilibrada y falsa valoración de virtudes y defectos que se hace de muchas de nuestras figuras públicas de ayer y hoy.

En mi larga lista de amigos y relacionados he aprendido a valorar a cada quien, y he sorteado barreras sentimentales para saber para quién soy realmente un amigo, un canal y/o una vía, un instrumento o un objetivo.

Es que la praxis te lleva a conocer de la naturaleza humana tanto en sentido preventivo como defensivo u operativo, y a mayor madurez es cierto que hay más dureza en el trato con la gente, sin que ello signifique pérdida de la sencillez y humildad.

La descomposición social del presente acerca cada día más la naturaleza del escorpión a la de los humanos, con todo y su dañina y destructiva carga de veneno letal. Repito entonces, convencido, la frase lapidaria del Emperador: “Mientras más conozco a los hombres…más quiero a mi perro”, en este caso, a Bacano, mi fiel y leal ejemplar canino que me protege y saluda sin esperar recompensa más allá de mi afecto.

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