El nuevo reto de Manny Acta

Los Tigres del Licey necesitaban un encargado de sembrar el orden y a su vez segar la creciente semilla de la desidia que ha imperado en su camerino en los últimos años.

Los Tigres del Licey necesitaban un encargado de sembrar el orden y a su vez segar la creciente semilla de la desidia que ha imperado en su camerino en los últimos años.Llegó Manny Acta, un hombre de béisbol que reúne las condiciones para asumir ese rol.

Entre las necesidades del conjunto, una voz de respeto se ubica en los primeros planos. Acta es una figura valorada que tiene historia con el club. Ganó una corona con la escuadra azul, lo que le concede la potestad de entonar como entienda en un momento determinado de cualquier conversación.

Fue dirigente de las Grandes Ligas y a su joven edad tiene un mundo por delante en esas lides, un elemento que le confiere peso para imponer su ley en un mundo donde el que nada tiene nada vale.

El respeto en los deportes llega porque usted es el que manda o podría hacerlo, porque fue un caballo en su época de activo o porque los trofeos adornan su oficina y los dueños de la franquicia le veneran contra viento y marea.

Difícilmente aparezca un valiente que quiera “graduarse” con el nativo de San Pedro de Macorís, quien camina como cordero, pero no tiene miedo de poner en escena al dragón que tiene dentro.

De hecho advirtió que ya sabe de peloteros que en la venidera temporada no estarán con los Tigres y que no hará cambios de “Corvette por Cepillos”.
El hijo de Don Manolo no está exento de la regla que mide el éxito y que se basa en los resultados. El asunto es que baile, aunque malo, pero que termine la pieza.

El tema  no es que la liebre salió a todo tren, sino que la tortuga llegó primero.
Los dueños del patio invernal son los Leones del Escogido. Argumente lo que quiera, pero tienen tres trofeos en los últimos cuatro campeonatos. Esa prueba es irrefutable. Invencible.

Esperemos que Acta pueda salvar el barco azul, dotado de una tripulación con mucho talento, pero sin brújula.

La fanaticada de los Tigres solo tiene una meta en su registro y responde al nombre de corona 21.

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