Después de Laura

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    Ayer pasó por la isla la tormenta Laura. Dejó pérdidas de vidas, daños en viviendas, cultivos, foresta, parques, calles y caminos. Destrucción de sistemas de distribución eléctrica. Y mucha agua.

    Como siempre, las pérdidas más sentidas ocurren en las zonas más vulnerables, que ya no sólo se encuentran en las grandes concentraciones urbanas, sino en cualquier vecindad de la República.

    De nuevo, con cada fenómeno de la naturaleza, se ponen al desnudo las precarias condiciones en que habita la gente, sea al borde de cañadas y arroyos, o en sitios que no llenan las condiciones mínimas de seguridad. Es un serio problema habitacional que difícilmente encontrará solución en muchos años. Comienza, sin embargo, por las mismas personas, que se alojan por estricta necesidad en cualquier lugar, sin mirar los riesgos, y rutinariamente con la permisividad de las agencias públicas que incumplen sus responsabilidades, de imponer las normas previstas en la ley.

    Es una realidad con la que vivimos, pero sólo ponemos la vista sobre ella cuando ocurre un una tormenta o huracán.

    Todavía las aguas no dejan de correr en algunas zonas, y esperamos que no vayamos a mayores. Pero hay que pensar, como mero ejercicio imaginativo, qué estaría pasando ahora si la ruta seguida por la tormenta Laura hubiese sido un huracán con vientos sostenidos de 180 kilómetros por hora.

    Mientras tanto, lo adecuado es que las autoridades actúen con eficiencia para atenuar los daños. Las pérdidas humanas nadie las puede reparar, pero sí las destrucciones de bienes e infraestructuras de servicios.

    Se requiere que las autoridades, ya movilizadas, extiendan su brazo de asistencia social y de reconstrucción. El gobierno encabezado por Luis Abinader ha sido proactivo, y auxilia a familias afectadas por derrumbes en el sector Los Ríos del Distrito Nacional. Hay zonas más distantes del centro de poder que es el Gran Santo Domingo, que necesitan auxilio.

    Las redes eléctricas afectadas por derrumbamiento de cables o de postes, deben ser repuestas para que el servicio eléctrico llegue a la mayor brevedad.

    Estamos en medio de una crisis que se recrece con este fenómeno. Esperemos que sus aguas al menos sirvan para acelerar las siembras y tenerlas disponibles para el consumo humano y para la agricultura.

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