Septiembre de 1961 estuvo marcado por la llegada de una subcomisión de la OEA y por una ola de disturbios y enfrentamientos entre civiles y fuerzas policiales
Através de las páginas de El Caribe de 1961, la edición de esta semana de Zona Retro rememora el convulso contexto social y político que marcó aquellos días de septiembre, cuando Santo Domingo vivía bajo una tensión creciente y una sociedad que intentaba abrirse camino hacia una libertad todavía incierta, mientras la mirada de organismos y representantes extranjeros se posaba sobre el país.
La protesta toma el puente
Cerca de 3,000 personas se congregaron en el extremo occidental del puente Juan Pablo Duarte para manifestarse contra un eventual levantamiento de las sanciones impuestas al país. La concentración, convocada por la Unión Cívica Nacional, el Movimiento 14 de Junio y otros sectores de la oposición, comenzó a formarse desde las primeras horas de la mañana, pero pronto derivó en enfrentamientos entre agentes de la Fuerza Pública y grupos de ciudadanos.
Los incidentes comenzaron a registrarse de manera esporádica alrededor de las 10:00 de la mañana. Sin embargo, la tensión aumentó cerca de las 11:00, cuando un automóvil Mercedes de color rojo intentó atravesar el puente Juan Pablo Duarte y fue recibido con una lluvia de piedras por parte de los manifestantes.
El vehículo pertenecía al coronel José Alfonso León Estévez y no, como se informó inicialmente, al coronel Luis José León Estévez, inspector general de las Fuerzas Armadas y esposo de Angelita Trujillo de León Estévez, hija del fallecido Rafael Leónidas Trujillo Molina. La confusión entre ambos nombres llevó a que circulara la versión de que el automóvil había sido atacado por su vínculo con la familia del antiguo dictador.
Un disparo rompe la jornada
En medio de la confusión, el chofer del vehículo, que llevaba a bordo a un solo pasajero y no al coronel, descendió del automóvil al comprobar que los cristales habían sido destrozados y abrió fuego contra la multitud.
Poco después, sobre el pavimento apareció el cadáver de un hombre cubierto con la bandera nacional. Se trataba del doctor Víctor Rafael Estrella Liz, cuya muerte elevó aun más la tensión que se vivía en el lugar.
La multitud rodeó el cuerpo y, aparentemente siguiendo las consignas de sus dirigentes, impidió que las autoridades realizaran las diligencias correspondientes. La escena adquirió entonces un profundo simbolismo: los presentes entonaron el Himno Nacional mientras permanecían de rodillas junto al cadáver, en una muestra de conmoción y desafío ante lo ocurrido.
Ante la delicada situación, el doctor Juan de Jesús Bueno Lora, ayudante del procurador fiscal del Distrito Nacional, intervino para hacer cumplir las formalidades legales y ordenó el levantamiento del cadáver. Sin embargo, la multitud se resistió a que el cuerpo fuera retirado del lugar.
Para ejecutar la orden fue necesaria la intervención de camiones de bomberos, cuyos efectivos utilizaron mangueras de agua para dispersar a los presentes. La medida provocó nuevos enfrentamientos: los manifestantes respondieron con piedras, puñetazos y palos en un intento por impedir que las autoridades retiraran el cadáver.
Según las informaciones de la época, los congregados pretendían mantener el cuerpo en el lugar para exhibirlo ante los miembros de la comisión de la OEA, cuya llegada al país estaba prevista para ese mismo día.
La OEA llega en medio de la tensión
La delegación arribó al país a bordo de un avión Constellation del Gobierno de los Estados Unidos, que aterrizó a la 1:10 de la tarde. En el aeropuerto fue recibida, en representación del Gobierno dominicano, por el doctor Carlos Federico Pérez y Pérez, subsecretario de Relaciones Exteriores; el embajador doctor Álvaro Logroño Batlle, director de Protocolo, y el licenciado Julio Hoepelman, director de la oficina de la Unión Panamericana en el país. También estuvieron presentes el doctor Carlos E. Chardón y su hijo, Carlos Junior.
La misión estaba presidida por el doctor Augusto G. Arango y la integraban, además, el doctor Miguel Corro, de Panamá; los colombianos embajador Alberto Zuleta Ángel y doctor Santiago Salazar Santos; los estadounidenses embajador Delesseps S. Morrison y William Bowdler; el embajador Gonzalo Escudero, de Ecuador, y el doctor William Sanders, secretario general adjunto de la OEA.
Como parte del equipo de apoyo, la delegación contaba con un cuerpo de secretaría integrado por Roberto Quiroz, Modesto Lucero, Ernestina B. y Lucila Prieto.
Al momento de desembarcar del avión No. 0-80610, facilitado por el Gobierno de los Estados Unidos para su traslado, el secretario Carlos Federico Pérez y Pérez expresó a los integrantes de la comisión el saludo de bienvenida en nombre del Gobierno dominicano. También acudió a recibir a la delegación el cónsul general de los Estados Unidos en Santo Domingo, señor John Calvin Hill.
Mientras tanto, en los alrededores del aeropuerto, la escena era distinta. Desde varias horas antes del arribo del avión, miles de afiliados al Partido Dominicano se habían congregado en el lugar para recibir a los representantes de la OEA. Banderas en alto, cartelones y vítores acompañaron la espera, convirtiendo la llegada de la misión en un acto de respaldo y expectativa política.
Entre las pancartas que exhibían los presentes podían leerse mensajes que reflejaban el clima ideológico de aquellos días: “Pedimos los buenos oficios de la OEA para defendernos contra el peligro del fidelismo”; “La violencia es arma del comunismo”; y “Cuando la patria peligra, no hay derecho para nadie, sino deberes para todos”.
Una misión vuelve a mirar al país
La llegada de la delegación se produjo en un contexto marcado por las sanciones diplomáticas y económicas impuestas a la República Dominicana durante la Conferencia de Cancilleres celebrada en San José de Costa Rica en agosto de 1960.
Era la segunda misión investigadora enviada por la OEA al país. La primera había visitado la República Dominicana en junio de ese mismo año para evaluar las medidas adoptadas por el Gobierno dominicano en favor de la democratización. Sin embargo, tras regresar a Washington y presentar su informe ante la Organización, la subcomisión concluyó que no se habían producido cambios significativos que justificaran el levantamiento de las sanciones.
El envío de la nueva misión fue anunciado oficialmente por la OEA el 7 de septiembre. Inicialmente se informó que estaría integrada por representantes de nueve naciones; posteriormente, la cifra se redujo a cinco y, finalmente, quedó conformada por cuatro representantes y un secretario general adjunto de la Organización.
El embajador de Estados Unidos ante la OEA, Delesseps S. Morrison, había sido uno de los primeros en plantear el envío de una subcomisión investigadora a la República Dominicana. El grupo tenía la responsabilidad de evaluar la situación del país y formular una recomendación sobre la continuidad de las sanciones diplomáticas y económicas o su eventual levantamiento.
Pero la llegada de la misión no transcurrió en calma. Cuando los vehículos que transportaban a sus integrantes regresaban del aeropuerto, el público se aglomeró en la vía del puente Juan Pablo Duarte, lanzó gritos e insultos e intentó detener el paso de los automóviles.
Entre las pancartas levantadas por los manifestantes podía leerse una acusación dirigida al embajador estadounidense: “Morrison está vendido a los Trujillos”.
