Rafael Faneyte
PRODUCTOR Curiosibasket
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Hace muchos años aprendí que en el deporte se gana y se aprende, nunca se pierde. Y eso es algo que debemos hacer, amén de los resultados, cuando asistimos a eventos de la categoría de FIBA Americup, donde las potencias del continente llevan no solo sus mejores talentos disponibles, sino también sus proyectos.
Nuestra Selección Nacional de Baloncesto asistió a Managua con un grupo heterogéneo de atletas, que llegaron con altas expectativas de los seguidores del deporte en el país.
Con récord de 3-0 en Fase de Grupos, derrotamos a Argentina en un duelo histórico que necesitó un tiempo extra para la victoria, clasificamos como el segundo mejor equipo del torneo y dejamos las puertas abiertas para que el hoy campeón de América se dejara apabullar por Estados Unidos y de esa manera enfrentarnos en cuartos de final.
Sí, nuestra única derrota llegó a manos de una potencia deportiva del hemisferio, que ha asistido a todas las Copas del Mundo desde 1950 y con dieciséis participaciones en Juegos Olímpicos. Un país con más de ocho millones y medio de kilómetros cuadrados y más de 200 millones de habitantes, con la segunda mayor economía de América, solo superada por Estados Unidos.
Técnicamente hablando, el equipo dominicano demostró inconsistencia, pero una determinación que a veces nos jugaba en contra. Los principales medios internacionales resaltaban lo voluble de nuestro carácter y nuestro escaso manejo de las emociones.
Ciertamente, el baloncesto dominicano ha crecido a nivel de talento, una muestra es la cantidad de dominicanos en el sistema escolar estadounidense, ligas europeas y asiáticas y sobre todo en NBA. Pero necesitamos enfocarnos en los aspectos técnico-tácticos del juego y mantenernos enfocados en los detalles alrededor del juego mismo. Nuestros rivales reconocen en nosotros a unos competidores sólidos, talentosos y determinados, pero también juegan con nuestra psiquis, conocen la manera repentina y simple con que el descontrol emocional nos hace perder el foco.
Tenemos todo para ser potencia del área y del continente, pero hay dos factores a seguir trabajando para competir de tú a tú con cualquiera: la identificación y compromiso con nuestros valores patrios y el desarrollo psicológico de nuestros equipos, que abarca muy directamente la parte emocional, cognitiva y conductual de nuestros jugadores.
¡Vamos que se puede!
