“Padre, tú que eres Madre y Padre, perdona a nuestra iglesia, ciega y sorda ante las necesidades de las mujeres”

Feministas también leyeron el “Sermón de las Siete Palabras”.
El pasado Viernes Santo, en el campamento feminista representantes de “Católicas por el derecho a decidir” proclamaron su Sermón de las Siete Palabras.

La lucha por la inclusión de tres causales en el Código Penal para permitir el aborto legal cuando la vida de la madre se encuentre en peligro, el embarazo sea producto de violación o incesto, o el feto sea incompatible con la vida ha sacado a relucir las diferencias entre conservadores y progresistas en la Iglesia Católica dominicana.

El Viernes Santo, mientras en la Catedral se leía un Sermón de las Siete Palabras que mostraba su rechazo a quienes luchan por las causales y al “nuevo feminismo”, en el campamento feminista mujeres católicas compartían reflexiones basadas en la lucha por la igualdad, la autonomía y la justicia.

El texto íntegro del sermón pronunciado en la Catedral puede encontrarse en el Diario Católico de la Arquidiócesis de Santo Domingo (https://diariocatolico.org/)

Primera palabra: «Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen.» (Lucas, 23:34)

“Padre, tú que eres Madre y Padre, perdona a nuestra iglesia, ciega y sorda ante las necesidades de las mujeres. Perdona a las legisladoras y los legisladores de nuestro Congreso Nacional que quieren rehuir a su deber de proteger la vida y la salud de tantas mujeres, que por no contar con los recursos económicos necesarios para interrumpir un embarazo caen presas de la clandestinidad y la desesperación de un embarazo que pone en peligro su vida, o que ha sido producto de una violación o de un incesto. Perdón también por las personas que promueven la xenofobia, el odio y la violencia y violentan los derechos de las mujeres”, clamaron Miosotis Rivas Peña y Manuela Vargas en la versión feminista del Sermón de las Siete Palabras pronunciado en el campamento ubicado frente al Palacio Nacional.

Mientras que en sus reflexiones sobre la Primera Palabra, el padre Pelagio Taveras pidió al Dios que perdone a quienes no saben lo que hacen “cuando se le quita la sacralidad al cuerpo humano, que es templo del Espíritu Santo, y se le convierte en sepulcro a través del aborto”.

Su posición fue reforzada cuando en la Sexta Palabra el padre Victoriano de la Cruz enfatizó: “Si no existieran mujeres dispuestas a abortar no estaríamos discutiendo sobre la maldad o bondad de las causales. Las leyes laborales, civiles y judiciales están de más para los ciudadanos y las ciudadanas que actúan correctamente en todas las circunstancias de la vida, ¿qué es lo correcto?”

Segunda palabra “Yo te aseguro que hoy estarás conmigo en el Paraíso”. (Lucas, 23: 43)

Al releer este Evangelio y analizarlo a luz de los tiempos y del contexto actual de la sociedad dominicana, Manuela Vargas comentó que Jesús “hoy estaría también acompañando a aquellas que tienen que tomar la difícil decisión de enfrentarse a una interrupción de su embarazo por el hecho de que su vida peligre, porque su criatura venga con una mal formación incompatible con la vida o porque ha sido víctima de un incesto o de una violación”.

“Clamemos al señor por las mujeres que hoy están siendo obligadas a practicarse un aborto clandestino, que están dejando su vida, su salud, su bienestar por la negación de sus derechos sexuales y reproductivos, el derecho a sus cuerpos. Y llamamos a la conversión al Congreso Nacional, para que dicten leyes más justas para todas y todos”, concluyó Vargas.

En la Catedral, el Padre Tomás García también habló de derechos. Abogó por una iglesia que ayude a enfrentar males como la trata de personas, la violencia intrafamiliar y el matrimonio infantil. Recordó que es deber de los católicos: “Vivir la fe involucrándonos, arriesgándonos y ensuciándonos las manos en la vida diaria, en la lucha de creer y construir un mundo mejor para todos, donde todos vivan dignamente, no sobrevivan”.

Tercera Palabra: «Mujer, ahí tienes a tu hijo. Hijo Ahí tienes a tu madre» (Juan, 19: 26-27)

Susi Pola puso en evidencia como Jesús valora las mujeres, cuyo protagonismo fue clave en la formación de las primeras comunidades cristianas.

“Jesús, a través de su vida con las mujeres, nos dice que somos nosotras, como María su madre, las que podemos recrear una sociedad con altos valores espirituales, sin ritualismos ni dicotomías. Nos dice que no le hagamos el juego al engaño, y seamos auténticas mujeres de fe en una mejor congregación humana. ¡Danos, Jesús, por la intersección de tu Madre María, fuerza, coherencia, sabiduría, pericia y mucha fe para cambiar al mundo!”, enfatizó Pola.

En tanto que en el Sermón de la Catedral, el padre Luca Burato comentaba: “Nuestro papa Francisco nos recuerda que el hombre si no tiene una ética que le pone límites, si no crece en responsabilidad, valores y conciencia, se enferma y comienza a usar mal su libertad, promoviendo antivalores; en efecto, si Dios dice amor, castidad, donación, el hombre moderno dice poder, sexo libre, tener; si Dios dice vida en todos sus aspectos desde la concepción hasta en las situaciones de enfermedad o discapacidades, el hombre dice muerte, o cultura de la muerte con sus ramas como el aborto, la eutanasia o la eugenesia, que no deja espacio a personas como los niños con síndrome de Dawn u otros niños que son ángeles de bien para sus familias”.

Es importante aclarar que con las tres causales no se promueve el aborto de niños con síndrome de Down, ni con discapacidades. La incompatibilidad del feto con la vida se refiere a embarazos con productos que no sobrevivirían fuera del útero, por ejemplo, cuando el feto no tiene cerebro.

Cuarta Palabra: «¡Dios mío, Dios mío!, ¿por qué me has abandonado?» (Mateo, 27: 46)

“¡Dios mío!, ¡Dios mío!, ¿por qué me has abandonado? Un grito inconsolable de quienes han perdido a sus hijas por la negativa de los facultativos de prestar un servicio médico oportuno que salvaría la vida ante riesgos por embarazo. Es un grito desesperado ante quienes han privilegiado al feto, olvidando el valor de la vida de las gestantes”, clamaron Desiré Del Rosario, Manuela Vargas e Yvette Ramírez en el Sermón feminista.
Recordaron a Rosaura Almonte Hernández (Esperancita) y a otras mujeres murieron mientras esperaban “por la compasión y valoración de sus vidas”.

También hablaron sobre las mujeres que mueren durante los partos debido a que el sistema de salud pública no garantiza sus derechos, y sobre los feminicidios. “Hay una incomprensión del porqué no se avanza más rápido en la instauración de un reino de justicia, se necesita de más empoderamiento, de solidaridad, para pasar de este estadio de violencia y falta de solidaridad del Patriarcado”, argumentaron.

De su lado, el padre Joel Villafaña cuestionó el abandono de padres a hijos y viceversa y también criticó al feminismo. “Pero el abandono intrafamiliar no es solo de padres a hijos, luego se invierten los papeles, y tenemos a hijos que no tienen tiempo para sus padres, y aunque profesan un inmenso amor hacia sus progenitores, muchas veces vemos a personas adultas en total abandono y desolación, a pesar de sus hijos. Lo mismo podríamos decir del abandono entre las parejas, y la antigua y muy mala práctica de la infidelidad; aquí se nota un mutuo abandono que se radicaliza más con las muy atizadas y propagandeadas guerras de sexos que sostienen el antiguo machismo y el nuevo feminismo… repitiendo la historia de que cuando el oprimido se libera, entonces se convierte en opresor”, dijo el sacerdote.

Quinta Palabra: «Tengo sed». (Juan, 19: 28).

Manuela Varga y Elizabeth Vélez abogaron por la igualdad entre hombres y mujeres.

“Las mujeres clamamos por la igualdad de oportunidades en un sistema que se hace ciego e ignora nuestros derechos. Clamamos por una iglesia transformada que respete la vida de las mujeres y donde en la toma de decisiones estemos en paridad. Por eso hoy en este tiempo de recogimiento y reflexión, las dominicanas nos congregamos alrededor de una causa justa, viniendo de recorrer un camino árido y doloroso para generaciones por la necesidad de saciar nuestra sed de justicia”, proclamaron Manuela Varga y Elizabeth Vélez.

Agregaron que “Así como Jesús en la cruz cuando llega a la conclusión de que la profecía de nuestro padre se cumplirá, y se entrega a su voluntad, nosotras las mujeres seguimos aquí acampando, con la plena convicción de que nuestra sed de cambio en las políticas públicas para la igualdad, justicia reproductiva y la restitución de nuestra dignidad será honrada por nuestros representantes. Tenemos sed, sed de gozo y esperanza, promesa de nuestro padre para nosotras”.

En el templo oficial, desde donde se ostenta el poder, el padre José Apolinar Castillo dijo: “Hay mucha gente empeñada en sembrar desesperanza y suscitar desconfianza disfrazada, detrás de la defensa de algunos valores. Por diversos caminos se niega a otros el derecho a existir y a opinar, y para ello se acude a la estrategia de ridiculizarlos, sospechar de ellos, cercarlos. No se recoge su parte de verdad, sus valores; es una manera de empobrecer la sociedad y someterla a la prepotencia del más fuerte. En este juego mezquino de las descalificaciones, el debate es manipulado hacia el estado permanente de cuestionamiento y confrontación. Quienes profesamos la fe sentimos hoy la embestida febril de formas insólitas de agresividad, de insultos, maltratos, descalificaciones, latigazos verbales con el fin de manipular nuestra conciencia para obligarnos a que pensemos como ellos”.

Padre Victoriano de la Cruz leyó la sexta palabra.

Sexta Palabra: «Todo está cumplido». (Juan, 19: 30)

“Aceptamos los retos de levantarnos desde el sometimiento, la opresión, la marginación. Tenemos plena comprensión de que el patriarcado es barbarie, malos tratos, tortura, muerte, indiferencia, y cumplimos nuestra determinación de levantarnos frente a la inhumanidad de algunos grupos poderosos en perjuicio de las personas discriminadas, con menos poder, como estamos las mujeres actualmente con la penalización absoluta del aborto que se quiere seguir imponiendo, advirtieron Mildred Dolores Mata y Manuela Vargas.

En esta Palabra, el padre Victoriano de la Cruz hizo una reflexión con tintes más espirituales sobre el sentido de la vida para los cristianos: “El ser humano viene a este mundo con una misión, con un designio que debe cumplir. Ante el sinsentido de la vida en el que tantos hombres y mujeres se encuentran, Jesús viene a recordarnos que estamos vivos por una razón sublime y que existimos para algo que va más allá de este mundo. Nuestras vidas tienen un sentido y Él nos lo revela cuando dice: No he venido para ser servido sino para servir y para dar mi vida por los demás (Cf Mt 20, 28)”.

Séptima Palabra: «Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu» (Lucas, 23: 46)

“En la Séptima Palabra Jesús nos muestra ese Padre amoroso que está dispuesto a acogernos en sus manos para darnos salvación, Jesús confiaba en que él estaba en las mejores manos, las de su Padre y hoy ponemos nuestra confianza en el Padre para que escuche el clamor de esas mujeres que quieren salvar sus vidas y que les den la oportunidad de elegir si quieren o no continuar con un embarazo bajo las tres causales. Las mujeres también forman parte del reino de Dios, explicó Lisette Genao.

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