Las expectativas

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Frecuentemente y ante algunos eventos por venir, nos formamos expectativas sobre lo que podría depararnos lo que se nos avecina.

Unas veces estamos a la espera de una reunión, un encuentro con alguien, que muchas veces se produce porque constantemente coincidimos con esa persona en determinados escenarios o situaciones.

Otras veces, el motivo de nuestra espera es por cuestiones laborales, por vacaciones, por ir a algún lugar al que hace tiempo no vamos y nos sentimos inquietos pues no sabemos cuánto han cambiado las cosas y las personas ahí.

Por lo que sea, ante la espera de algo, siempre estamos formándonos juicios, imaginando cómo será, qué pasará.

Tan diversas son las causas como las ideas que nos formamos.

Esperamos, y ese es el comienzo del problema.

No es que no nos preparemos para el mañana, para lo que vendrá después. No es que, aún a sabiendas de lo que se nos viene encima, nos sentemos a esperar los efectos, sin tomar previsiones.

Tampoco quiere decir que, por no morir en la víspera, no tratemos de protegernos y estar preparados para hacer frente a la situación que se nos presenta.

Del mismo modo, nos hacemos daño cuando esperamos lo que nunca llegará.

Nos castigamos cuando nos adelantamos a los hechos.

Cuando dejamos volar la imaginación y escuchamos lo que creemos que nos dirán y vemos las imágenes que nuestros temores obligan a nuestra mente a crear, nos estamos lastimando.

Muchas veces nuestras expectativas nos llevan a esperar algo que nunca llegará.
Unas veces esperamos demasiado, estamos seguros que ya nada impedirá que alcancemos eso que tanto soñamos y esperamos, sin embargo, llegado el momento, la realidad es muy distinta a lo que esperábamos. Esto se convierte en un motivo de tristeza.

Cuando, por el contrario, esperamos lo peor, pensamos que se nos viene el mundo encima, que se nos acabaron las esperanzas, pero los hechos nos demuestran que no todo está perdido y que nuestras expectativas fallaron, Entonces, no poder ocultar nuestra alegría. A veces solo debemos dar de nosotros, sin esperar nada a cambio, que tenemos que vivir el día a día listos para enfrentar cada situación con decisión y fortaleza, ver lo que se avecina, estar alertas, sin dejar de disfrutar de nuestro aquí y ahora.

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