Gabriela Gómez baja del atril, pone a reposar la batuta de 35 dólares “con un mando que me queda cómodo” y conversa con elCaribe con la misma sencillez y calidez de la gente del Cibao. Muy agradecida con el maestro José Antonio Molina por la oportunidad de dirigir.
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Cada vez hay más directoras de orquesta, ¿por qué será?
Se le está dando más oportunidades a la mujer. Hasta inicios del siglo XX solamente los hombres dirigían. No les daban cabida a las mujeres siquiera para estudiar. Que las mujeres entren a las universidades es algo relativamente reciente. Se les ha ido dando cabida y en los últimos cincuenta años diría que han existido proyectos, sobre todo en estados Unidos y en Latinoamérica, para dirigir el desarrollo hacia la equidad de géneros. Así que hay más oportunidades para las mujeres. Ese estigma va diluyéndose. Gracias a Dios cuando las mujeres y las niñas ven que alguien les sirve de modelo, sirve de acicate a las nuevas generaciones para que se inspiren y sigan ese camino si les interesa; porque antes el tú decir ‘quiero ser directora’, pero no existir otras que lo hayan hecho, no sabías cómo. Ahora hay más modelos a seguir y poco a poco se van abriendo las puertas.
Como mujer al frente de una orquesta, ¿se ha animado a dirigir obras de mujeres?
Mi filosofía es la diversidad. Poner obras que sean del canon europeo, digamos los clásicos, pero también tener compositores nuevos, vivos, mujeres, de diferente nacionalidad, cultura. No solo para uno conocer esa música, porque vale la pena conocerla, sino para que la audiencia conozca cosas nuevas que no conocía. Cuando Beethoven estaba vivo la música que se tocaba era la de él, ¡y esa era la música contemporánea de ese momento! Y por muchas razones, pienso que como artistas tenemos una responsabilidad con nuestra música contemporánea, porque los compositores actuales merecen un espacio, porque reflejan la vida de una manera distinta. En este programa todos los compositores fueron europeos, pero tenemos a Bela Bartok que es una obra del siglo XX, de los años 40, y sirve de contraste con la música romántica de Chaikovsky y la de Dvorak. Pero Bartok es menos conocido y más complicada su obra.
En los 50, Juan Blanco trajo a Latinoamérica la música electroacústica. Eso ha ido desapareciendo…
Han existido muchas corrientes en el siglo XX. Ese tipo de música se comenzó a hacer cuando las computadoras y cintas y todas esas cosas, eran tecnología nueva. Y tal vez todavía se utiliza pero las tendencias están cambiando. La música electrónica es parte de la música actual. Todavía las hay con experimentación y sonidos diferentes, pero pienso que ahora la estética de los compositores es algo bien personal. Si la música romántica o la música barroca tienen tales características, ahora es algo más individualizado, donde se toma de todos los sitios.
¿Cómo comenzó Ud. en la música?
En Santiago, a los 7 años, en Bellas Artes. Luego mi educación formal comenzó en el estudio Diná, y mis profesoras fueron, de flauta, Moni Quesada, Mercedes Machín, Ilda Melis, Caridad Escalante, Linares, muchas cubanas que habían venido. Jhonatan Piña. Allá fue que me formé, con mi hermano, Pablo Gómez, que toca piano. Nosotros íbamos todas las semanas, tres y cuatro veces, porque nos gustaba demasiado. Y cuando entré en bachillerato fue cuando me dije ‘bueno, esto me llama mucho la atención, y quiero darle seriedad’ y por ahí me fui.
¿Quién de la familia fue culpable de que ambos hayan caído en el tema de la música?
¡Ja, ja, ja, ja, ja, ja! Esa pregunta es muy interesante, porque nosotros dos somos músicos profesionales y en la familia directa, les gusta la música, pero no han estudiado así profesionalmente. Sí te puedo decir que la familia sí me apoyó mucho. Decir a los 14 años quiero estudiar música… ¡A cualquiera le dicen vete a estudiar otra cosa! De parte de mi familia fue un soporte muy fuerte que garantizó que uno pudiera irse y hacer sus sueños. Gracias a Dios los esfuerzos han dado sus frutos.
¿Dónde estudió dirección?
Comencé mis estudios en Berklee. Allí estudié flauta y también tomé algunas clases de dirección obligadas. Y gracias a Dios me tocó un profesor muy generoso, Isaias Jackson, quien después de una buena carrera profesional se había retirado. Tuvimos muy buena mezcla, me apoyó mucho y comencé a formar grupitos por diversión. De ahí fui a la Universidad Estatal de Louisiana a hacer mi maestría en flauta, pero seguía montando grupitos. O sea la colaboración fue lo que me llamó a la profesión de dirección y allí en Louisiana hice entonces mi doctorado en Dirección Orquestal.
¿Ha podido tener vida personal?
A través de la música uno conoce mucha gente buena. Tengo muchos amigos alrededor del mundo, con los que estudiamos y luego cada uno se fue a su sitio. No todo el tiempo puede ser la música. Cada música es sobre la vida. Uno tiene que vivir, para poder agregarlo a la música. Esa es mi filosofía entre la vida personal y la profesional.
¿Dvorak, Bartok, Chaikovsky; cuál es la pieza más complicada?
Cada uno tiene sus cosas. El Bartok es más complicado en cuanto a que tiene un solista que estamos acompañando, colaborando, y entonces tenemos que estar muy pendientes, cuándo es más rápido aquí o allá. Es colaboración en vivo. Es música complicada, ¡pero la pieza es bellísima!
Familia
Mi familia fue un soporte muy fuerte que garantizó que uno pudiera irse y hacer sus sueños. Gracias a Dios los esfuerzos han dado sus frutos”.
