Dijo María Amalia León al recordar a los siete hermanos que crearon la Fundación E. León Jimenes hace 30 años
Los martes, temprano en la mañana, la Ciudad Colonial es afable y sosegada, casi desconocida. Pían avecillas y se abren las flores de cayena y trinitarias. Llegar a las 8:00 am hasta la Iglesia y el Convento de los Dominicos no es una heroicidad. Sí lo es, casi, el salir a las 10:30 rumbo al fogón de los tapones. Es en ese don apacible (nunca el de Sholojov, claro) donde la mañana de este martes ha tenido lugar la misa de celebración del 30 Aniversario de la Fundación Eduardo León Jimenes.
Los hombres iban ataviados con chacabanas blancas y las féminas con vestidos elegantes, de saludo en saludo, por el pasillo central de la iglesia, cuyo altar lo conforma un maravilloso retablo probablemente del siglo XVI. Dicho sea de paso, en su inauguración oficial estaban, entre otros, los frailes Bartolomé de las Casas y Antón de Montesinos.
Este otro acto, encabezado por María Amalia León, presidenta de la fundación E. León Jimenes y miembros de la familia como Stella, Chavela, Lidia, Franklin, Alfonso Aguayo, Luis Manuel, Carlos Guillermo, Silvia Corrie, Clarisa Brugal, Ivette Brugal, entre otros representantes de la tercera generación, junto a sus hijos y nietos, contó con el respaldo de amigos, aliados, colaboradores, artistas, gestores culturales, comunicadores, los ministros de Cultura y Vivienda, Roberto Ángel Salcedo e Ito Bisonó y la alcaldesa de la ciudad, Carolina Mejía. La eucaristía estuvo cargo del prior de los dominicos, el padre bayamés José Alberto Hidalgo.
La celebración de tres décadas de compromiso fue expresada por miembros del Centro León y la Emisora Raíces, quienes se encargaron de ofrendas simbólicas que sintetizaban lo profundamente dominicano, que a su vez caracteriza el sentido de la fundación.
Palabras de María Amalia León
“Hoy, al valorar los primeros treinta años de labor de la Fundación Eduardo León Jimenes, nuestro principal sentimiento es de gratitud hacia aquellos siete hermanos que, inspirados a su vez en el hermoso legado de servicio heredado de la familia, decidieron crear esta institución en su propósito de contribuir con la sociedad y trabajar ‘Por una mejor nación’”, expresó la pedagoga, gestora cultural y mecenas María Amalia León en las palabras de agradecimiento.
Recordó que para los fundadores, “los fundamentos de la nación descansan, sobre todo, en la solidez de su cultura. Y la cultura, es también memoria y tradiciones, esa argamasa de prácticas cotidianas que nos mantienen unidos como familia, como comunidad, como país”. Destacó la importancia de la cultura popular esa “forma de sabiduría discreta que se manifiesta en los gestos sencillos de la vida diaria; que habitan en las palabras que se repiten en la mesa, en los ritmos que acompañan el trabajo, en las celebraciones que no necesitan escenario para ser profundas. Lejos de lo superficial, la cultura popular condensa experiencias compartidas, recuerdos colectivos y modos de estar en el mundo que, por sencillos, resultan esenciales. En esa cotidianidad modesta se resguarda una riqueza auténtica, hecha de afectos, delicadeza, imaginación y sentido de pertenencia con dignidad. En esa cultura viva están la música y el baile, la risa contagiosa, el sazón que se hereda sin receta, el cafecito de cada día, la ‘fría’ en el colmado, las emociones que despierta nuestro equipo de pelota, y la algarabía del dominó con los amigos del barrio”.
Habló de autenticidad, delicadeza, “imaginación y sentido de pertenencia con dignidad”. Y de la unidad que “en el caso de nuestra familia, nace de los valores que ellos siempre, los siete hermanos, defendieron, sintetizados en un credo que ha sido transmitido de generación en generación, y que resume la filosofía de vida que nos guía como personas, como colectivo y como hombres y mujeres, con una sincera vocación de servicio”.
Por eso recordó el credo familiar que es la base de todo lo logrado: “Recordaré siempre que somos con orgullo familia de origen campesino, de los forjados con persistente trabajo y fuerte sol. Gente humilde y honesta. Gente que junto con el cultivo de la tierra, cultiva el amor, la fidelidad y la fe” (…) “Por esto me comprometo a trabajar por el bien común, (…) como familia que valora y ama sus raíces y que anhela preservar unidos ese legado que por la gracia de Dios hemos recibido de nuestros Padres. Herencia intangible que debemos pasar a nuestros hijos con la pasión y la convicción de que es nuestra mayor riqueza”.
“Esta Fundación -dijo-, ha querido trascender nuestro entorno empresarial para convertirse en misión social, cultural y espiritual. Un sueño sostenido por la certeza de que servir al país es una manera elevada de servir a Dios”.
Seguidamente mencionó acciones y espacios transformadores que son logros y aportes al país como el Concurso de Arte Eduardo León Jimenes (desde 1964), que hoy es la más longeva iniciativa privada de su tipo en Latinoamérica; el Pabellón de Helechos María Asensio Vda. León (desde 1980), en el Jardín Botánico Nacional; la Gala de Ganadores del Concurso Internacional de Piano Van Cliburn (desde 1993); el Premio Nacional Feria del Libro Eduardo León Jimenes (desde 1997); la Emisora Raíces (desde 2003); el Centro Cultural Eduardo León Jimenes (desde 2003); y lo que ella llamó “la llegada del Centro León Ciudad Colonial”.
Finalmente pidió que “la Fundación Eduardo León Jimenes, sostenida por las nuevas generaciones, permanezca fiel a sus principios germinales”, comprometida con la educación, el arte, la memoria, la belleza y la comunidad.
Música y artes visuales por la Fundación
La celebración, incluó música que promueve la Fundación a través de las interpretaciones musicales de Adalgisa Pantaleón, Niní Cáffaro, Antonia Chabebe, Juan Polanco e Inart y, al finalizar la eucaristía, con la presentación del Coro Atempo dirigido por Nadia Nicola. En Quinta Dominica se presentó la exposición “A destiempo”, del Centro León. Tanto la celebración litúrgica como el posterior brindis reflejaron de manera integral los ejes que definen la labor de la Fundación León Jimenes: la cultura, las artes, la literatura, la música y el cuidado del medio ambiente.
La fundación
“ha querido trascender nuestro entorno empresarial para convertirse en misión social, cultural y espiritual”
