La muerte del padre Brache

Introducción
El padre Francisco Brache, salesiano, está muy ligado al Instituto Politécnico Industrial de Santiago (IPISA). Esta ciudad y los cientos de estudiantes, que por allí pasaron, le agradecen enormemente. Lloran su muerte.
Unidos a ellos, a la Congregación Salesiana, a Santiago y en su memoria, escribimos este artículo, nos hacemos eco de estos datos.

1- Breve datos biográficos del padre Brache
El padre Francisco Brache Díaz nació el 29 de enero del 1939 en San José de Ocoa, República Dominicana. Su primera profesión fue el 16 de agosto del 1960 en Arroyo Naranjo (Habana), Cuba. Estudió la teología en Bollengo y la Crocetta, Turín, Italia y su ordenación sacerdotal fue el 03 de abril del 1961 en la Basílica María Auxiliadora, construida allí por Don Bosco.

En los años 90’s se desempeñó como Director General de IPISA, volviendo, hasta sus últimos días, en el año 2019.

El Señor le ha llamado al paraíso eterno el día 5 de marzo del 2021.

2- De su puño y letra
“Hermanos y hermanas en la fe, es cierto: sólo con los años aprendemos muchas cosas, una de ellas, “esta vida es un gran regalo de Dios y no la queremos perder”, por ella luchamos a diario; amamos esta vida y anhelamos seguir viviendo para siempre.

Nuestra fe cristiana católica se apoya en la persona de Nuestro Señor Jesucristo: Él quiso pasar por la experiencia de esta vida para poder realizar su misión: “He venido para que tengan vida y la tengan en abundancia”, “Yo soy el camino, la verdad y la vida para ir al Padre”.

Con sus palabras y con su experiencia personal del dolor, del sufrimiento y de su muerte, a punto de morir gritó con voz potente: “Todo está cumplido”, “Padre en tus manos encomiendo mi espíritu”.

Estas breves consideraciones nos recuerdan, pues, que somos ciudadanos de otro reino y cada día nos encaminamos hacia Él.

No olvidemos la gran afirmación de Cristo: “Yo soy la resurrección y la vida, nadie va al Padre sino es por mí”.

Busquemos pues a Dios mientras tenemos tiempo; sólo Él tiene las respuestas y los medios para alcanzar la vida para siempre.

Esta vida se nos ha dado para buscar a Dios, la muerte para encontrarlo y la eternidad para estar felices junto a Él por toda la eternidad.

Nuestra vida vale lo que vale la eternidad, si hacemos la voluntad de Dios.

¡Así sea!”

P. Francisco Brache

3- Homilía del padre José Pastor Ramírez, inspector salesiano de Las Antillas, en el novenario del padre Brache
“Nos hemos dado cita aquí en el Instituto Politécnico Industrial de Santiago (IPISA) para celebrar la Eucaristía al cumplirse el novenario de la muerte del P. Francisco Brache. Un educador salesiano que formó para que los jóvenes se condujeran a plena luz, nunca en la sombre o en la oscuridad. Él apostaba al buen hacer y proceder; dedicaba tiempo a los amigos y cultivaba la amistad; formalizaba los compromisos contraídos.

Hemos llegado al IV domingo de Cuaresma. Definitivamente nos acercamos a la celebración de los misterios de la pasión, muerte y resurrección de Jesús. La Palabra de Dios que hemos escuchado ilumina este caminar marcado por la conversión gozosa y la renovación que anuncia la Pascua.

La primera lectura resume en apretadísima síntesis los acontecimientos que marcaron el comienzo y luego el final del destierro de los judíos a Babilonia, cosas todas sucedidas en el siglo VI antes de Cristo.

El destierro fue para los judíos algo así como beberse el cáliz de la muerte. Perdieron no sólo su tierra y sus bienes, sino numerosas vidas, libertad, soberanía, el templo e incluso la fe en el Dios de la Alianza quedó severamente golpeada.

Al ubicarme en el texto del Evangelio de hoy me imagino a Jesús que dice: Vino a verme un doctor de la ley, que ocupa un escaño en el Sanedrín. Se llama Nicodemo. Viene hasta Betania de noche.

Precisamente de noche dio comienzo la historia de la salvación del pueblo esclavo en Egipto, con una cena.

La noche era el tiempo más adecuado -según la tradición judía- para estudiar la Ley.

De noche muchos hombres y mujeres dejan su casa para distraerse, para divertirse, para encontrarse, para romper la monotonía... No siempre lo consiguen.

De noche, miles de samaritanas venden sus cuerpos junto a sus pozos vacíos, luchando por no perder del todo su dignidad. Casi nunca lo logran.

De noche, muchos padres y madres se mueven inquietos y desvelados en sus camas, preocupados por sus hijos que salieron de casa, para saber cuándo vuelven...

Pero es más dura la noche interior.

Es de noche cuando se nos muere alguien que nos importa, como mi amigo Lázaro, o mi padre José.

Es de noche cuando hay que tomar decisiones difíciles en solitario, como me ocurriría en el Huerto de los Olivos.
Es de noche cuando un buen amigo, como Judas, te la juega.
Es de noche cuando nada de lo que hacemos o proyectamos... termina de llenarnos el corazón.

De noche, miles de personas anónimas buscan una luz para sus vidas, una verdad para caminar, un sentido para vivir, una esperanza en que apoyarse. Llevan dentro la noche. Sin saberlo, buscan a Dios.

El que realiza la verdad se acerca a la luz. Hay muchas maneras de quedarse ciego en la vida, sin verdad interior que ilumine nuestros pasos. Hay muchas formas de caminar en tinieblas sin saber exactamente qué queremos o hacia dónde vamos. No es superfluo señalar algunas.

Es muy fácil pasarse la vida entera ocupado sólo por las cuestiones más inmediatas y, aparentemente, más urgentes y prácticas, sin preguntarme nunca “qué voy a hacer de mí” (X. Zubiri). Nos instalamos en la vida y vamos viviendo, aunque no
sepamos ni por qué ni para qué.

Es también corriente vivir programado desde fuera. La sociedad de consumo, la publicidad y las modas van a ir decidiendo qué me ha de interesar, hacia dónde he de dirigir mis gustos, cómo tengo que pensar o cómo voy a vivir. Son otros los que deciden y fabrican mi vida. Yo me dejo llevar ciegamente.

Hay otra manera muy posmoderna de caminar en tinieblas: vivir haciendo “lo que deseo o me apetece”, sin adentrarme nunca en la propia conciencia. Al contrario, eludiendo siempre esa voz interior que me recuerda mi dignidad de persona responsable.

Probablemente el mejor modo de vivir ciegos es mentimos a nosotros mismos. Construimos una “mentira-raíz”, fabricamos una personalidad falsa, instalamos en ella y vivir el resto de nuestra vida al margen de la verdad.

Es también tentador ignorar aquello que nos obligaría a cambiar. Cerrar los ojos y “autocegarnos” (o como se dice comúnmente, una “ceguera auto administrada”) para no ver lo que nos interpelaría. Ver sólo lo que queremos ver, utilizar una medida diferente para juzgar a otros y para juzgamos a nosotros mismos, no enfrentarnos a la luz (A. Pagola).

Todos deberíamos escuchar desde dentro las palabras de Jesús que nos invitan a salir de nuestra ceguera: “Todo el que obra perversamente detesta la luz, y no se acerca a la luz, para verse acusado por sus obras. En cambio, el que realiza la verdad, se acerca a la luz”.

Concluyo con un bellísimo poema
escocés para despedir a un ser querido.
Puedes llorar porque se ha ido,
o puedes sonreír porque ha vivido.
Puedes cerrar los ojos y rezar para que vuelva,
o puedes abrirlos y ver todo lo que ha
dejado;
tu corazón puede estar vacío porque no lo puedes ver,
o puedes estar lleno del amor que
compartiste.

Puedes llorar, cerrar tu mente,
sentir el vacío y dar la espalda,
o puedes hacer lo que a él le gustaría:
Sonreír, abrir los ojos, amar y seguir.

¡Descansa en paz querido amigo y profesor! Hoy decido sonreír, abrir los ojos, amar y seguir para honrar tu memoria. ¡Gracias!”
P. José Pastor Ramírez
Inspector

Conclusión
CERTIFICO que los textos de mi trabajo sobre la Pascua del P. Brache fueron tomados de sus originales.

DOY FE, en Santiago de los Caballeros, a los diecisiete (17) días del mes de marzo del año del Señor 2021.

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